21 de diciembre de 2011

... Nepal! (cuarta parte)


Llegar a Bhaktapur, por suerte, no nos exigió un gran esfuerzo gracias, en primer lugar, a nuestras mochilas momentáneamente reducidas (ya que habíamos dejado gran parte de nuestras ropas en Kathmandú) y, posteriormente, a los pocos kilómetros que separaron nuestro origen de nuestro destino y que se tradujeron en, apenas, una hora de asfaltado camino.
Igualmente no nos exigió demasiado dinero ya que, sin quererlo, ingresamos al área antigua de Bhaktapur obviando uno de los tantos puestos de venta de su altísimo ticket de entrada, desde donde iniciamos nuestra búsqueda de alojamiento, optando por uno que, al igual que siempre, se ajustó a nuestro presupuesto y que, además, poseía una terraza adonde pasamos más tardes de mates y, nuestra habitación, un afrancesado balcón desde donde miramos a protestantes con antorchas, una y otra vez, a lo largo de nuestra estadía.
Bhaktapur nos resultó sumamente más atractiva que su vecina Kathmandú: una ciudad que, al parecer, resulta íntegramente de ladrillos a la vista, un Durbar Square más conservado, grandes templos que exhiben grandes imágenes de animales, principalmente, y menos ruidos, mucho menos ruidos, en efecto, no se permiten ingresar vehículos motorizados –lo cual se interpreta, aparte, como una ausencia de bocinas– a la parte antigua de la ciudad.
Y, como se supondría, caminamos muchísimo a través de su maraña de callejuelas aunque, ahora queriéndolo, obviando cada uno de los puestos de venta del ticket de entrada, asimismo, seguimos agasajando a nuestros estómagos a partir de la recomendación del joven “amigo” de Hernán, un simple restaurantito, un tanto oscuro –o excesivamente si nuestro arribo coincidía con uno de los tantos cortes de luz que dejaban a ciegas a la ciudad– aunque siempre visitado por montones de nepalíes.
Y cuando nos disponíamos a subirnos a un ómnibus para visitar uno de sus alrededores, un paro general postergó nuestros planes que, aquel día, terminaron siendo reciclados por otra excursión, de esta forma, iniciamos un trayecto a pie atravesando campos y pequeñas poblaciones y, finalmente, arribamos a Changu, un pintoresco pueblo que antecede uno de los templos hindúes más hermosos que hemos visto al momento mientras que, al día siguiente, sí, nos dirigimos a Nagarkot, una pequeña población que destaca por sus vistas a los Himalayas, de hecho, una vez descendidos del ómnibus, dimos inicio a una caminata arriba al que sería, casualmente, nuestra base del día: un adorable hotel adonde solicitamos un par de tes negros que nos sirvieron de pretexto para quedarnos más de lo debido apreciando al Langtang y otros picos nevados.
No quedan dudas: Bhaktapur y sus alrededores nos gustaron demasiado y, además, nos sirvieron para que retomáramos nuestro ritmo de viaje que, por un motivo u otro, se vio alterado –aunque felizmente– desde que ingresamos a Nepal. Así que, ahora, le diríamos “hasta luego” a las montañas para dirigirnos al sur del país, de hecho, nuestro siguiente objetivo será una población, quizás, una única que visitaremos del área del Terai, que nos servirá como acceso para, si la suerte nos acompaña, ver a uno de los “cinco grandes” por más que nos ubiquemos en pleno corazón de Asia.

Carla & Hernán