Apenas unos 100 kilómetros -apróximadamente- nos separaban de nuestro próximo destino en la isla de Lombok aunque, sin saberlo aún, se tratarían de los 100 kilómetros más largos de nuestras vidas…
A las 7 horas de la mañana, un minibus pasó a buscarnos (a los tres ya que Aurelien continuó viaje con nosotros) por nuestro alojamiento en Ubud a fin de trasladarnos a Padangbai (Bali), puerto de salida del ferry que nos cruzaría al puerto de arribo en Lombok. Después de 30 kilómetros y dos horas de viaje debido al tráfico, llegamos al primero de nuestros objetivos, donde embarcamos al ferry lento que habíamos contratado (si bien existe una opción rápida, habríamos optado por descartarla ya que… “cuánto podría demorarse un ferry en cruzar 25 kilómetros?”). Y bien alejados de todas nuestras aproximaciones, llegamos al puerto de Lembar (Lombok) después de 5 horas de viaje (aunque Carla apenas sostuvo una despierta)! Ahora bien, dado que nuestro destino serían unas islas ubicadas a 45 kilómetros de dicho puerto, un minibus nos recogió a fin de trasladarnos al puerto desde donde partirían los botes que nos cruzarían a las mismas, adonde no llegamos sino después de otras dos horas de viaje dado que dicho trayecto se vio sumamente demorado gracias a las extensas paradas generadas por nuestros “guías” mientras recogían otros pasajeros que ya habíamos visto en nuestro mismo ferry lento pero que, estratégicamente, habíamos sido separados a fin de intentar vendernos -muy insistentemente- algunos de sus servicios. De esta forma, nuestro minibus terminó ocupado por una pareja de reservados norteamericanos, una alemana histérica por las demoras, una francesa que no emitía sonido, un divertido español, un francés conocido -Aurelien- y nosotros. Finalmente, nuestro conductor decidió dejarnos en un café y tras caminar unos 300 metros llegamos al bastante descontrolado puerto de Bangsal (Lombok), donde logramos subir a un barco que, tras 30 minutos de viaje, nos permitió llegar a nuestro destino: Gili Air.
A las 7 horas de la mañana, un minibus pasó a buscarnos (a los tres ya que Aurelien continuó viaje con nosotros) por nuestro alojamiento en Ubud a fin de trasladarnos a Padangbai (Bali), puerto de salida del ferry que nos cruzaría al puerto de arribo en Lombok. Después de 30 kilómetros y dos horas de viaje debido al tráfico, llegamos al primero de nuestros objetivos, donde embarcamos al ferry lento que habíamos contratado (si bien existe una opción rápida, habríamos optado por descartarla ya que… “cuánto podría demorarse un ferry en cruzar 25 kilómetros?”). Y bien alejados de todas nuestras aproximaciones, llegamos al puerto de Lembar (Lombok) después de 5 horas de viaje (aunque Carla apenas sostuvo una despierta)! Ahora bien, dado que nuestro destino serían unas islas ubicadas a 45 kilómetros de dicho puerto, un minibus nos recogió a fin de trasladarnos al puerto desde donde partirían los botes que nos cruzarían a las mismas, adonde no llegamos sino después de otras dos horas de viaje dado que dicho trayecto se vio sumamente demorado gracias a las extensas paradas generadas por nuestros “guías” mientras recogían otros pasajeros que ya habíamos visto en nuestro mismo ferry lento pero que, estratégicamente, habíamos sido separados a fin de intentar vendernos -muy insistentemente- algunos de sus servicios. De esta forma, nuestro minibus terminó ocupado por una pareja de reservados norteamericanos, una alemana histérica por las demoras, una francesa que no emitía sonido, un divertido español, un francés conocido -Aurelien- y nosotros. Finalmente, nuestro conductor decidió dejarnos en un café y tras caminar unos 300 metros llegamos al bastante descontrolado puerto de Bangsal (Lombok), donde logramos subir a un barco que, tras 30 minutos de viaje, nos permitió llegar a nuestro destino: Gili Air.
Las islas Gili son tres: Trawangan -la más grande y la más descontrolada-, Meno -la más pequeña y las más desolada- y Air -una combinación de las dos anteriores y aquella elegida por nosotros-. Se trata de islas muy pequeñas, en efecto, dar la vuelta caminando a Air demoraba apenas dos horas… Y, a diferencia de Bali donde había templos hindúes por doquier, aquí predominan las mezquitas (en efecto, Indonesia resulta ser el país musulmán de mayor población en el mundo con 240 millones de habitantes). Asimismo son islas muy rústicas: no hay motores por lo que sólo se puede optar por bicicletas y carretas tiradas por caballos para transportarse mientras que la electricidad resulta escasa -los cortes de luz suceden a diario- y no hay agua dulce.
Si bien son islas hermosas con playas de arenas finas y aguas turquesas cálidas y cristalinas repletas de vida marina… sentimos que no fuimos muy bienvenidos por la isla y, de una forma u otra, sólo quería que nos fuéramos (sí, ya sabemos, tenemos muchas horas de Lost encima). De esta forma, nuestra estadía en Gili Air estuvo condimentada con malhumores continuos debido a la presencia de nubes a diario, insectos por todos lados, mucha humedad, aguavivas molestísimas, episodios de furiosas diarreas, mosquitos potenciales transmisores de malaria, isleños más que cargosos… hasta bañarnos con agua salada nos generaba fastidio! Aunque, desde ya, cada uno de nosotros se vio diferentemente afectado por estos motivos (sabrán Uds. imaginar cuáles ítems influyeron en los ánimos de Hernán y cuáles, en los de Carla).
Una vez más, al final de nuestra estadía playera –que coincidió con nuestro primer cumple-mes viajando-, logramos compensarnos y nos embarcamos en un paseo por las otras dos islas y practicamos snorkel, pudiendo ver rayas y nadar con montones de peces y tortugas!
Y así dejamos atrás Lombok para adentrarnos en Java, nuestra última isla/destino de Indonesia.
Carla & Hernán

