10 de febrero de 2011

... Australia! (tercera parte)


     Dejando atrás nuestro destino playero, nos dirigimos al centro de Australia más conocido como outback o desierto australiano y, después de poco más de dos horas de vuelo (apenas ocupado ya que, lógicamente… a quién se le ocurre viajar a una zona de ciclones?), llegamos a Ayers Rock, localidad que alberga a una de las “postales” de Australia más conocidas, Uluru, un monolito rocoso gigante y sagrado para los aborígenes locales.
     Apenas arribados, un micro nos trasladó hasta nuestro alojamiento, Ayers Rock Resort, un complejo compuesto por hoteles de diferentes categorías (de hecho, todas las opciones adonde dormir se limitan a éste), restaurantes, supermercado y demás negocios… ubicados en pleno desierto (y probablemente pertenecientes a un único dueño)! A fin de visitar ambos atractivos más cercanos, Uluru y Kata Tjuta, decidimos alquilar un automóvil y, ya que estábamos, experimentar el andar por las rutas al “estilo inglés”.
     Uluru es impresionante! No sólo por su color rojo intenso (que, quizás, no haya resultado tan sorprendente para nosotros) sino por su forma abruptamente perpendicular a una superficie completamente llana. Ambos, amanecer y atardecer, son imperdibles ya que, durante unos pocos minutos, estas formaciones se iluminan, cobran un color anaranjado cual fuego, tornándose mágicas.
     Dentro del parque nacional que conforman ambos monolitos, existen varios senderos para caminatas de diferentes duraciones y dificultades. Afortunadamente logramos recorrer varios, algunos agradables, otros espectaculares… aunque siempre acompañados por cientos y cientos de moscas insoportables!!! Sin lugar a dudas que, hasta la persona más paciente se sentiría fastidiada por éstas y, tras haberlas espantado durante horas seguidas, lograron quitarle parte del encanto al paisaje.
     Ya llegando al final de nuestra estadía, corta aunque suficiente, aprovechamos una tarde y aplacamos al calor del desierto en la pileta del complejo, preparándonos para aquel que será nuestro último destino australiano: Perth.

Carla & Hernán