Llegamos a Perth, según previsto, en un vuelo de Qantas histórico para nosotros, en tanto, se trató del último trayecto recorrido utilizando pasajes de beneficio de empleado de línea aérea, dando fin, de esta forma, a una etapa más que significativa de nuestras vidas…
Una vez en el aeropuerto doméstico de la ciudad, nos dirigimos hacia Northbridge, una zona cercana al centro donde se concentra buena parte de la actividad cultural y nocturna de la ciudad. Y si bien existe una oferta de albergues bastante amplia allí, nos resultó bastante difícil conseguir alojamiento ya que, según nos comentaran… “el mal clima de la costa noreste del país hizo que muchos turistas modificaran sus destinos” (y sí, claramente, cualquier persona coherente lo hubiera modificado). Después de algunas horas de búsqueda, terminamos en Bambú Hostel… bien ubicado aunque bastante bastante mugriento (por la salud de nuestras madres preferimos no subir fotos).
Perth, sin lugar a dudas, no desentona con las demás ciudades australianas: joven, cosmopolita, prolija y muy limpia… Durante nuestro recorrido por la ciudad se destacó Kings Park, un jardín botánico inmenso y muy pero muy bien cuidado, donde pasamos buenos ratos –siestas incluidas- y reconfirmamos la seguridad que existe en Australia así como la calidad de vida que tienen sus habitantes, quienes tienen la posibilidad de disfrutar picnics con parejas, familiares o amigos en espacios verdes públicos impecables, donde nadie molesta a nadie y donde todo queda en exactas mismas condiciones al irse…
Y llegamos al final de nuestro viaje por Australia, habiendo sido Perth, más que un destino en sí mismo, la puerta de salida hacia nuestro tan esperado Sudeste Asiático…
Carla & Hernán