10 de mayo de 2012

... Sri Lanka! (cuarta parte)


Y cuando creíamos que nada superaría a las Cameron Highlands de Malasia, conocimos a Haputale.
Ya, por sí mismo, el traslado a la ciudad sería un atractivo, abordo de otro mínimo tren que, esta vez, se zambulliría en campos de té que, progresivamente, se volvieron más grandes y más hermosos.
Si bien la ciudad de Haputale, por su parte, no sería demasiado agradable, sus alrededores más inmediatos apoderados por más plantaciones de té serían lo suficientemente bellos como para hacer de nuestro hotel, uno de los más encantadores de los últimos tiempos a partir de sus –otras vez verdes– vistas.
Justamente, más vistas serían las que nos interesarían al momento de salir a pasear; así, alcanzamos a la antigua mansión del empresario del té, Sir Thomas Lister Villiers, adquirida por la orden benedictina y convertida en monasterio en 1961; además del negocio donde venden mermeladas preparadas por los pocos monjes que habitan al caserón, visitamos un par de salas abiertas al público aunque su mayor atractivo, para nosotros, seguiría siendo su exterior: su arquitectura y sus vistas a las laderas de té que, alguna vez, pertenecieron al mismo Sir Lister Villiers, quien no sería el único británico –obviamente– que se serviría de las tierras altas de Sri Lanka para originar su imperio, de hecho, un poco más alejadas se encuentran la fábrica, el pueblo –de los trabajadores– y las majestuosas plantaciones de Sir Thomas Lipton, a través de las cuales caminamos, visualizamos al minucioso trabajo de recolección de brotes y hojas de té realizado por las mujeres tamiles y alcanzamos al llamado “asiento de Lipton”, un punto panorámico, quizás, aquel mayormente adorado por el escocés, donde conocimos –e hicimos felices– a Sangar Cravi al regalarle una moneda de Argentina… porque aquel simpático srilankés sería, además de cobrador de la entrada al punto panorámico, un gran coleccionista de billetes y monedas del mundo… un mundo que conoce a través de los turistas que allí se acercan.
Ya lo dijimos alguna vez: las plantaciones de té implican un nuevo –aunque ya no tan nuevo– paisaje para nosotros y, a la vez, una de las imágenes más hermosas, simplemente, un paisaje de ensueños, no obstante, ahora debemos volver a partir, incluso, soportando al resfrío vuelto gripe de Carla, rumbo al siguiente destino, una parada obligada en el camino aunque, siendo la segunda de las más importantes ciudades de Sri Lanka, seguramente, no nos arrepentiremos de dedicarle algunos días a la conocida como la capital de las montañas, Kandy.

Carla & Hernán