Y cuando
creíamos que nada superaría a las Cameron Highlands de Malasia, conocimos a
Haputale.
Ya, por sí
mismo, el traslado a la ciudad sería un atractivo, abordo de otro mínimo tren
que, esta vez, se zambulliría en campos de té que, progresivamente, se volvieron
más grandes y más hermosos.
Si bien la
ciudad de Haputale, por su parte, no sería demasiado agradable, sus alrededores
más inmediatos apoderados por más plantaciones de té serían lo suficientemente
bellos como para hacer de nuestro hotel, uno de los más encantadores de los
últimos tiempos a partir de sus –otras vez verdes– vistas.
Justamente,
más vistas serían las que nos interesarían al momento de salir a pasear; así,
alcanzamos a la antigua mansión del empresario del té, Sir Thomas Lister
Villiers, adquirida por la orden benedictina y convertida en monasterio en
1961; además del negocio donde venden mermeladas preparadas por los pocos
monjes que habitan al caserón, visitamos un par de salas abiertas al público
aunque su mayor atractivo, para nosotros, seguiría siendo su exterior: su
arquitectura y sus vistas a las laderas de té que, alguna vez, pertenecieron al
mismo Sir Lister Villiers, quien no sería el único británico –obviamente– que
se serviría de las tierras altas de Sri Lanka para originar su imperio, de
hecho, un poco más alejadas se encuentran la fábrica, el pueblo –de los
trabajadores– y las majestuosas plantaciones de Sir Thomas Lipton, a través de
las cuales caminamos, visualizamos al minucioso trabajo de recolección de
brotes y hojas de té realizado por las mujeres tamiles y alcanzamos al llamado
“asiento de Lipton”, un punto panorámico, quizás, aquel mayormente adorado por
el escocés, donde conocimos –e hicimos felices– a Sangar Cravi al regalarle una
moneda de Argentina… porque aquel simpático srilankés sería, además de cobrador
de la entrada al punto panorámico, un gran coleccionista de billetes y monedas
del mundo… un mundo que conoce a través de los turistas que allí se acercan.
Ya lo dijimos
alguna vez: las plantaciones de té implican un nuevo –aunque ya no tan nuevo– paisaje
para nosotros y, a la vez, una de las imágenes más hermosas, simplemente, un
paisaje de ensueños, no obstante, ahora debemos volver a partir, incluso,
soportando al resfrío vuelto gripe de Carla, rumbo al siguiente destino, una
parada obligada en el camino aunque, siendo la segunda de las más importantes
ciudades de Sri Lanka, seguramente, no nos arrepentiremos de dedicarle algunos
días a la conocida como la capital de las montañas, Kandy.
Carla & Hernán
