7 de mayo de 2012

... Sri Lanka! (tercera parte)


Aquellos doscientos y pico de kilómetros que nos separaban de Ella serían sorteados por tres ómnibus: un primero desde Unawatuna a Matara a lo largo de la ruta paralela a la costa, un segundo que, desde allí, inició un camino adornado por gigantescas imágenes de Buda que surgían intempestivamente, sutilmente ascendente y verde a Wellawaya, donde abordamos un tercero que, finalmente, ascendió a los 1.041 metros (snm) de Ella.
Ya nuestras energías no son iguales a las del principio del viaje por lo que, arribados próximos al atardecer, elegimos un alojamiento –otra vez familiar, cuyos desayunos servidos en vajilla antigua como la de las abuelas, serían  igualmente grandiosos a los anteriores– e intentamos reponernos para unos siguientes días de actividades.
Ella… un nombre que sería tan romántico como su propia imagen: un pequeño pueblo extendido a lo largo de una única vía –que no sería otra que la ruta–, un poco turística, pues, agrupa un número importante de alojamientos y restaurantes que serían más agradables aún al momento de nuestra visita que coincidió con Vesak Poya, una de las principales celebraciones religiosas del budismo que conmemora al nacimiento de Siddhartha Gautama (Buda), ante la cual se decoran a las calles con lámparas de papel de colores y banderitas budistas que surgen por doquier. Al festejo de Vesak Poya nos invitaron y, en éste, compartiríamos “rice and curry” preparado para miles de personas por montones de voluntarios gracias al apoyo de uno de los empresarios del pueblo (el mismo que, año tras año, arma una mega cocina/comedor para la ocasión) y, por supuesto, a las donaciones de alimentos realizadas por la gente de Ella.
Así, la gastronomía de Sri Lanka volvió a ocupar un papel protagónico debido a la abundancia y excelencia del “rice and curry” del Vesak Poya como al de Nilmini, un restaurantito a cargo de una simpática srilankesa quien prepararía una variedad de frutas o verduras en curry que, noche tras noche, alabaríamos.
Si hablamos de paseos, no más que dos horas se necesitarían para visitar al pueblo de Ella aunque existen sus alrededores inmediatos pensados como mini-trekkings que nos permitieron alcanzar puntos panorámicos como, por ejemplo, Mini Adam’s Peak, al cual ascendimos tras atravesar algunas plantaciones de té y desde donde obtuvimos vistas del verde entorno de Ella, dominado por su “gap” y su “rock” a la cual nos dirigimos, asimismo, abordando una jornada más extensa que nos vio caminando a lo largo de las vías del tren, desviándonos por un angosto sendero rodeado por abundante vegetación, atravesando más plantaciones de té, posteriormente, un bosque y, por último, alcanzando su cima.
Nos gustó Ella: nos sentimos oxigenados a partir de sus aires, su temperatura –notablemente menor a la de la costa– nos instó a abrigarnos por las noches aunque, igualmente, atrajo al resfrío de Carla mientras que sus paisajes nos animaron a ver más plantaciones de té, por ello, seguiremos adentrándonos a la isla e iremos tras las huellas del Sr. Lipton… quizás tengamos suerte y nos invite a ver su “jardín”.

Carla & Hernán