31 de marzo de 2011

... Malasia! (cuarta parte)


     Nuestro bus partió en horario desde Tanah Rata y, tal cual previsto, la noche llegó antes que nosotros a destino. Dudando aún si se trató de un hecho afortunado o no, el chofer no nos dejó en la terminal de ferries sino que cruzó por el destacable puente que une a la isla de Penang, nuestro objetivo, con el continente, dejándonos en la terminal de ómnibus –bastante lógico, no?–, la cual dista a varios kilómetros de la zona donde pensábamos alojarnos (justamente a metros de la terminal de ferries). Por tal motivo, no tuvimos alternativa más que optar por nuestro primer taxi durante nuestro viaje a fin de llegar al casco histórico de Georgetown donde nos repartimos nuestras clásicas tareas: Carla quedó a cargo de los bártulos mientras Hernán salió en busca de un lugar adonde dormir, encontrando un hostel que, si bien excedía un poco nuestro presupuesto para alojamiento, nos conquistó: una casa vieja adorablemente reciclada que resolvía de sobremanera varias de nuestras necesidades –habitación con aire acondicionado, camas con luz y mesa independientes, duchas con agua caliente, wi-fi, agua de filtro ilimitada y un desayuno que nos sirvió de almuerzo–.
     Una vez asentados, dedicamos nuestro tiempo a conocer Georgetown. Penang, al igual que Singapur, funcionó como puerto estratégico entre Asia y Europa y, sin lugar a dudas, su arquitectura y su infraestructura así como su parque automotor denotan sus tiempos de gloria. Su casco histórico resulta inmenso (más de 250 hectáreas), ha sido muy bien preservado y ni siquiera ha sido contaminado visualmente (no existe ni un solo edificio que sobresalga en altura). A su vez, alberga distintas zonas como, por ejemplo, las omnipresentes Chinatown y Little India, y un área ribereña de la cual atrajo nuestra atención un antiguo muelle de madera, cuyas barracas son hoy viviendas. Además Georgetown cuenta con muchísimas mezquitas igualmente templos hindúes, budistas y, considerando la presencia histórica europea, iglesias también.
     Por su parte, dado que se jacta a Penang de ser la meca gastronómica de Malasia y, tras nuestra experiencia en Cameron Highlands, llegamos entusiasmadísimos (particularmente Carla como fuera de suponerse) aunque terminamos desilusionadísimos y sentimos que Penang quedó culinariamente en deuda con nosotros.
     Si bien la lluvia venía siendo una amenaza latente, se concretó propiamente durante nuestra estadía en Georgetown y, lamentablemente, logró arruinar algunos de nuestros planes de visitas alrededor de la isla. De hecho, no sólo afectó nuestro presente sino que además puso en duda nuestro futuro ya que resultó igualmente copiosa al norte de Malasia y sur de Tailandia, o sea, nuestro rumbo, en efecto, las rutas fueron cortadas y los servicios de trenes, interrumpidos debido a inundaciones (lo cual no nos afectaba aunque sí nos daba una idea de su magnitud). Asimismo el pronóstico del clima para las próximas semanas no resultaba muy alentador. De esta forma, prosiguió una tarde de charlas entorno a ideas, algunas bastantes locas, sobre cómo continuar nuestro itinerario aunque decidiendo, finalmente, no interrumpir nuestros destinos y seguir viaje hacia al norte siendo nuestra siguiente parada Pulau Langkawi, isla malaya aunque más cercana a Tailandia (algo así como infiltrada al vecino de arriba), despidiéndonos, por algún tiempo, del continente.

Carla & Hernán        

27 de marzo de 2011

... Malasia! (tercera parte)


     Un par de horas por rutas impecables seguidas por un camino ascendente de curvas y contracurvas nos permitieron llegar a Tanah Rata, pueblo ubicado en una zona conocida como Cameron Highlands.
     Si bien no resulta nuestro estilo, habíamos reservado un par de camas en un hostel a través de Internet aunque, al llegar al mismo e intentar registrarnos, nos notificaron que un grupo hospedado allí con anterioridad había decidido prolongar su estadía, por ende, no tenían disponibilidad para nosotros. Y cuando ya pensábamos que la mala racha nos había seguido desde Kuala Lumpur, nos informaron que nos habían conseguido compensadamente una habitación privada con dos camas dobles al mismo precio, prácticamente, que lo pautado por una habitación comunitaria… así que nuestra estadía comenzó de maravillas!
     Sin lugar a dudas, Cameron Highlands nos sorprendió! No habíamos imaginado que Malasia nos ofrecería un paisaje montañoso con plantaciones de té sobre sus laderas, un bosque húmedo protegido en altura y pequeñas poblaciones dispersas por sus valles además de un clima fresco que nos sentó fantásticamente!  
     Al igual que los demás pueblos de la zona, Tanah Rata cuenta con una única avenida a lo largo de 800 metros, a partir de la cual surgen algunas pocas calles. Además del encanto que genera su reducido tamaño, posee una oferta de servicios excelente… y una gastronomía que nos resultó sublime! Así Carla arrancó algún que otro día con nasi lemak, desayuno malayo consistente en arroz blanco con salsa picante y pescaditos secos (esos mismos que aparecen amontonados en los mercados) acompañado por té con leche… mientras que Hernán seguía mediodía y noche (mañana y tarde también si fuera por él) con combos de tandoori, un horno donde se prepara un pan símil al árabe y pollo marinado con pimentón. Desde ya que probamos otros platos como claypot, murtabak, roti y thosai, habiendo sido claramente aquéllos de influencia india nuestros preferidos.
     Ahora bien, a fin de conocer algunos atractivos algo distantes dentro de Cameron Highlands, decidimos acertadamente contratar una excursión que resultó excelente. Así visitamos plantaciones de té que crean un paisaje alucinante. Aprendimos –aunque hubiéramos podido adivinar– que forman parte de capitales extranjeros (ingleses que llegaron tras tierras prósperas que supieron explotar al igual que a la mano de obra que importaron de India) así como sus modestas fábricas donde se producen grandes cantidades de té. Posteriormente nos dirigimos al bosque húmedo donde, haciendo honor a su nombre, la visibilidad se reduce considerablemente cuando su humedad comienza a ser condensada por el calor del sol. Y, por último, pasamos por un insectario, reptilario y mariposario donde conocimos “más de cerca” algunas varias especies que abundan por estas zonas.
     Sinceramente nos sentimos tan a gusto en Cameron Highlands que decidimos alargar nuestra estadía y aprovechamos para caminar de pueblo en pueblo, atravesando zonas más o menos boscosas; visitamos huertas y plantaciones de frutillas, entorno a las cuales hay montados exagerados negocios de merchandising, e incursionamos por otras plantaciones de té. Además aquí festejamos nuestro segundo cumple-mes viajando.
     Y después de haber redefinido nuestro itinerario, nos encontrábamos dispuestos a continuar viaje hacia nuestro próximo destino, Penang, adonde supimos no llegaríamos sino una vez anochecido… inquietante aunque ya parte de nuestro viaje y del próximo capítulo.

Carla & Hernán       

23 de marzo de 2011

... Malasia! (segunda parte)


     Desde Mersing decidimos subirnos al último servicio de bus que operaba desde dicha ciudad hacia Kuala Lumpur y así, considerando que se trataría de un viaje de 5 horas, nos ahorraríamos una noche de alojamiento! Sólo que nuestra miserabilidad no nos permitió darnos cuenta sino después de haber comprado los pasajes, que llegaríamos a una terminal de ómnibus alejada del centro en plena madrugada y sin reserva de alojamiento (lógico si queríamos obviarla), idea que nos inquietó un poco… El viaje fue muy bueno: un bus cómodo (aunque no logramos dormir mucho) y rutas en buen estado… por lo que llegamos a Kuala Lumpur sin demoras y contra cualquier prejuicio, nos encontramos con una terminal de ómnibus que se asemejaba más a un aeropuerto: grande, moderna, luminosa… un lujo! Así que decidimos aguardar allí hasta que amaneciera aunque dicha espera se prolongó unas cuantas horas más ya que hicimos uso y abuso por horas del wi-fi free que la terminal ofrecía.
     Dispuestos a encontrar alojamiento, nos dirigimos a Chinatown, ubicamos un lugar donde Hernán permaneció con nuestras mochilas (recuerden que nuestras “casitas móviles” son lo suficientemente pesadas para justificar esta dinámica) mientras que Carla se encargaba del relevamiento del cual surgió una habitación privada de hostel, básica aunque limpia y muy bien ubicada.
     Kuala Lumpur nos sorprendió y su diversidad nos agradó mucho: recorrimos barrios tradicionales como Chinatown o Little India, repletos de puestos callejeros de comida, que continuaron siendo nuestros favoritos (aunque incursionamos también en comida india) y anduvimos por las modernas calles de la zona financiera, las cuales se encuentran dominadas por las Torres Petronas; conocimos templos hindúes, budistas y musulmanes, principalmente, destacándose la Mezquita Nacional de dimensiones significativas (a propósito de las fotos, no se trata de un fantasma violeta… es Carla!); caminamos por Jl. Petaling, una peatonal repleta de puestos de imitaciones de todo tipo a precios irrisorios que nos limitamos a observar por el bien de nuestras columnas y paseamos por Berjaya Times Square, el shopping más grande del Sudeste Asiático que llega a albergar un completo parque de diversiones; visitamos un Mercado Central bastante sofisticado donde Carla innovó en técnicas de masajes (video incluído) y nos divertimos en Chow Kit, un mercado tradicional de verduras y carnes; lidiamos con tráficos caóticos a través de calles flanqueadas por arquitecturas que fusionan lo occidental con lo musulmán y nos purificamos en áreas verdes, distinguiéndose una tan grande que alberga lago, aviario, museo, orquidario (a modo informativo para nuestras madres particularmente, una orquídea con diez flores costaba, aproximadamente, 6 pesos argentinos), teatro y planetario, entre otros.
     Después del enojo provocado tras percatarnos que la ropa que habíamos dejado en la lavandería había sido devuelta más sucia, alguna arruinada por vaya a saber uno que producto, mezclada con prendas de algún vecino e incluso incompleta ya que faltaba aparentemente una musculosa de Hernán (sin lugar a dudas faltaba… pero en su cabeza ya que luego apareció dentro de su mochila) y tras una larga discusión que culminó con la devolución del costo del servicio, armamos rápidamente nuestras mochilas, realizamos el check-out en el hostel y Hernán se dirigió a un cajero automático ya que desconocíamos si habría en el siguiente destino… sólo que se demoró unos 30 minutos de más, lo cual alteró al chofer del minibus que nos estaba esperando para trasladarnos… por lo que una vez Hernán de regreso, encaramos nuestro camino al minibus con tanta velocidad y tanta violencia (hay que tener en cuenta que habíamos discutido durante una hora seguida y Carla venía controlando la ansiedad del chofer) que se generó una situación bastante desagradable tras un importuno resbalón y posterior caída de Carla y 20 kilos de mochilas a cuestas, sobre un charco de… mmm… digamos que se trató de un momento de “mierda”. Así que una vez arriba del minibus, tras un improvisado cambio de ropa, arrancamos viaje a nuestra siguiente meta, Cameron Highlands, rogando dejar en Kuala Lumpur a la mala suerte que nos había acompañado esa mañana.

Carla & Hernán       

19 de marzo de 2011

... Malasia! (primera parte)


     Llegar a Malasia nos resultó bastante simple: una combinación de subte y autobús nos permitió llegar al puesto fronterizo y tras pasar ambos expeditivos controles migratorios, nos encontrábamos en territorio malayo.
     Desde la frontera, tomamos un autobús que nos llevó a la terminal de ómnibus de Johor Bahru y, desde allí, nos dirigimos directo a Mersing, una ciudad que dista a 3 horas aproximadamente de la anterior y cuenta con un puerto desde donde zarpan ferries rumbo al que sería nuestro siguiente destino: Pulau Tioman.
     Arribamos a la isla ni bien anochecido, tras una hora de viaje a alta velocidad (lo cual nos sorprendió puesto habíamos imaginado se encontraría más cerca del continente), por lo que apenas nos preocupamos por buscar un lugar donde dormir, el cual no resultó muy agradable por lo que a la mañana siguiente salimos en busca del que sería nuestro hogar por los próximos días y, afortunadamente, hayamos uno alegre y tan cercano a la playa que nos dormíamos escuchando al mar.
     Con respecto al paisaje, se trata de una zona de islas rocosas con elevaciones y selváticas, siendo Tioman una de las más importantes debido a su tamaño. Sus playas se encuentran interrumpidas por formaciones rocosas por lo que, una vez optado por una, sólo podíamos trasladarnos a otras contratando botes (los cuales no resultaban muy económicos).
     Ahora bien, Salang Beach fue nuestra elección: una playa bastante extensa (comparada con las demás opciones), algunas partes pantanosas (de hecho hay un río por donde vagan unos lagartos gigantes) aunque otras de arenas finísimas y aguas color verde esmeralda cálidas y tan cristalinas que, sin exagerar, podíamos vernos los pies incluso donde no hacíamos pie –valga la redundancia–. Además cuenta con una “calle principal” donde se amontonan alojamientos y restaurantes (a propósito, Tioman hizo honor a la fama gastronómica de Malasia, ya que sus platos resultaron excelentes tanto por su calidad como por su cantidad), la cual se encuentra custodiada por una selva desde donde solían escaparse monos buscando algún “souvenir”.
     Así, más allá del clima que no resultó muy constante, pasaron nuestros días, intercalando arena y mar, caminatas, comidas y siestas. Al respecto de los paseos, Hernán se aventuró a la jungla y después de unos 40 minutos andando y trepando, llegó a una playa llamada Monkey Beach, de la cual le costó retornar ya que tanto calor había nublado su memoria y no supo sino después de largo rato cuál sería el camino de regreso. Asimismo contratamos una excursión de snorkelling que resultó buenísima ya que visitamos cuatro puntos para inmersiones repletos de peces de colores, algunos más grandes, otros más pequeños, y corales!
     Dirigiéndonos ya a nuestro próximo destino, Kuala Lumpur, regresamos al continente llevándonos de la isla muy lindos recuerdos y, tal cual descubriéramos posteriormente, varias pulgas también.

Carla & Hernán       

15 de marzo de 2011

... Singapur!


     A fin de llegar a nuestro próximo destino, Singapur, optamos nuevamente por Lion Air, línea aérea que nos permitió arribar sin inconvenientes previa conexión en Jakarta, Indonesia, donde apenas permanecimos un par de horas en el aeropuerto.
     Dado que llegamos a las 20 horas apróximadamente, optamos por no dar muchas vueltas y tras solicitar algunas coordenadas a uno de los amabilísimos encargados de la Oficina de Turismo del aeropuerto, nos dirigimos directamente al hostel que nos habría recomendado la pareja de holandeses con quienes habíamos compartido la travesía al volcán Bromo.
     Ni bien arribados, Singapur nos transmitió sensaciones diferentes: desde su aeropuerto gigante y ultra-moderno hasta su sistema de trenes impecables en todo sentido, el cual nos permitió alcanzar nuestro objetivo, Chinatown, donde logramos ubicar al recomendado alojamiento –afortunadamente ya que desconocíamos verdaderamente su existencia– que si bien contaba con una recepción vacía, tenía instrucciones detalladas en papelitos y, cual búsqueda del tesoro, supimos cuál habitación podíamos ocupar aunque por dos noches únicamente puesto no había disponibilidad posterior y supuestamente debido a una feria de tecnología –la cual obviamente visitamos– por lo que, incluso, nos vimos obligados a mudarnos dos veces durante nuestra estadía.
     Siempre imaginamos a Singapur como una “burbuja” en Sudeste Asiático y tras haberlo recorrido, podemos afirmar que dicha denominación le sienta bastante bien. Se trata de una isla que mide 42 kilómetros de este a oeste y 23 kilómetros de norte a sur aunque no se resigna a sus limitaciones geográficas y continúa creciendo en extensión, robándole tierra al mar, y en altura gracias a sus rascacielos. Asimismo derrocha limpieza (veredas impecables no sólo en el centro de la ciudad sino en sus afueras –que nos vimos obligados a conocer– también), modernidad (una ciudad planificada cuya arquitectura resulta imponente y sus habitantes muy elegantes) y organización (a partir de la existencia de un amplio y eficiente sistema de transporte público). Además Singapur brilla de noche, tornándose, según nuestro criterio, mucho más linda aún!
     Dedicamos, primeramente, buen tiempo a resolver un inconveniente con nuestra netbook (algunas teclas dejaron repentinamente de funcionar en Indonesia) y tras hallar a la oficina de Samsung acertada –ya que hay muchísimas– logramos dejarla en reparación para retirarla después de 48 horas funcionando al 100%... y sin cobrarnos ni un solo peso!
     Una vez resuelto nuestro inconveniente tecnológico –que nos había amargado bastante– y tras haber conocido las periferias de la ciudad, nos limitamos a visitar algunos barrios como Chinatown, Little India y Kampong Glam (árabe). Asimismo recorrimos tanto al CDB, zona financiera, como al Marina Bay, área de la ciudad ocupada por un icónico hotel –desde cuya terraza se obtienen vistas de la ciudad tan alucinantes como su piscina de diseño inimaginable–, shopping, museo, vuelta al mundo, auditorio y otros. A propósito, aprovechando nuestro aspecto de turistas, paseamos por todos estos rincones aunque percibiendo cierto recelo ya que nuestras ropas hippies desentonaban bastante con los fracs y vestidos de gala de las personas que cruzábamos.
     Por su parte, Singapur puede resultar una perdición para aquellos apasionados por compras ya que rebalsa de shoppings (nos animamos a decir que existe uno cada tres manzanas) donde predominan joyerías y marcas de primera línea, en efecto, podemos afirmar que hay plata en Singapur: su parque automotor resulta de alta gama a punto tal que no pasaba una cuadra sin cruzarnos algún último modelo de Audi, BMW, Ferrari, Lamborghini o Mercedes Benz. Su evidente actividad financiera resulta impactante así como su transitado puerto, atestado de barcos que se amontonan y visualizan desde altura como bloques de rastis flotando en agua.
     Por último, Singapur ofrece montones de actividades –pagas a precios no muy módicos– tales como acuario, museos, zoológico, parques temáticos (Universal Studios y otros), teatros, eventos tales como la Fórmula 1 corriendo en plena ciudad y casino, donde nos divertimos aunque no logramos salvar nuestro viaje (imposible con apuestas de un centavo, no?).
     Una semana de estadía nos resultó más que suficiente y ya dispuestos a realizar nuestro primer cruce fronterizo terrestre, rumbeamos a Malasia, la cual será parte de nuestro próximo capítulo.

Carla & Hernán        

8 de marzo de 2011

... Indonesia! (última parte)


    Después de nuestro intento de semanita playera de descanso del descanso, nos dirigimos a la isla de Java aunque, esta vez, decidimos obviar los eternos trayectos por ferry y nos dirigimos al aeropuerto de Mataram (Lombok), donde optamos por un vuelo de la empresa de bajo costo WingsAir a Denpasar (Bali) y tras analizar diversas alternativas, optamos por aguardar unas largas aunque poco tediosas 18 horas (fotos, lecturas, comidas y siestas amenizaron nuestra espera) en dicho aeropuerto hasta finalmente embarcar al vuelo (operado por otra línea aérea de bajo costo llamada Lion Air) que nos dejaría en Yogyakarta.
     Yogya (como comúnmente se conoce) nos fascinó desde un principio. Llegar al centro de la ciudad nos resultó más que práctico gracias a la red de colectivos que opera (existen dos categorías bien diferenciadas según sus servicios –unos cuentan con aire acondicionado, otros se asemejan a colectivos escolares– aunque sus tarifas son teóricamente similares y, según nuestras necesidades de transporte, nos resultaron siempre más óptimos aquellos primeros).
     Una vez arribados a Jl. Malioboro, eje de la ciudad, y siguiendo nuestra rutina de búsqueda, Carla aguardó con nuestras mochilas mientras que Hernán se dirigió en busca de alojamiento, regresando al corto plazo con una alternativa más que aceptable! 
     De esta forma, dedicamos algunos cuantos días a recorrer Yogya, donde si bien existen atractivos bien diferenciados como, por ejemplo, el Palacio del Sultán, nos resultó mucho más interesante sumergirnos en la vorágine de la ciudad con su abundancia de comercios de batik (a propósito, ya comenzamos a lamentarnos por no tener ni espacio ni presupuesto extra para compras), puestos callejeros de comidas que realmente disfrutamos, un mercado gigante con aires de otras épocas repleto de olores, colores y sabores (de hecho allí almorzamos uno de los mejores satay de Indonesia) y buscavidas (BI) tan insistentes como rápidos y previsibles que terminaron siendo simpáticos para nosotros (CH):

BI- “Boss! Transport?” / “Jefe! Transporte?”
CH- “No, thanks.” / “No, gracias.”
BI- “Sultan Palace?” / “Palacio del Sultán?”
CH- “No, thanks.” / “No, gracias.”
BI- “Batik? Batik?” / “Batik? Batik?”
CH- “No, thanks.” / “No, gracias.”
BI- “May be tomorrow?” / “Quizás mañana?”
CH- “No, thanks.” / “No, gracias.”
BI- “Where are you going?” /  “A dónde van?”
CH- “…” / “…”

     Más allá de sí misma, Yogya nos sirvió de base para visitar dos atractivos muy cercanos, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por un lado, Borobudur. Se trata del templo budista más grande del mundo, el cual nos resultó simplemente conmovedor. Además, por fortuna, se encuentra restaurado por lo que su estado resulta impecable! Asimismo, debido a su importancia histórica, resulta objeto de visita tanto para locales –muchos grupos de estudiantes– como para extranjeros quienes somos, a su vez, una atracción extra para los primeros, por lo cual tuvimos que posar con docenas de orientales que pedían sacarse fotos con nosotros!
     Por otro lado, se encuentra Prambanan, el complejo de templos hindúes más grande de Sudeste Asiático. Si bien los templos principales se encuentran restaurados (y son particularmente llamativos), hay otros tantos que aún restan por reparar. Asimismo, dentro del mismo predio, existe un templo budista de significativas dimensiones llamado Sewu, el cual habría convivido armónicamente junto a los demás hindúes.
     Por último, tratándose de una tierra de volcanes, no quisimos irnos de Indonesia sin llegar a alguno por lo que optamos por una excursión de un par de días al Parque Nacional Bromo-Tengger-Semeru. Afortunadamente, ya acostumbrados (o resignados) a los transportes de larga distancia de Indonesia, no nos afectaron –incluso diríamos que se justificaron– las 11 horas arriba de un minibus o, mejor dicho, las 22 horas contemplando su retorno, que demoramos en cubrir un trayecto de 400 km. aproximadamente desde Yogyakarta a Ngadisari, uno de los pueblos que se hayan a poca distancia del parque. Dado que nuestro plan resultaba presenciar el amanecer desde un punto panorámico llamado Penanjakan, pernoctamos apenas algunas horas y partimos a la madrugada rumbo al mirador. Un minibus nos llevó a la base del mismo y dejó allí a las 4 de la mañana, desde donde debíamos ascender unos supuestos 100 metros hasta nuestro objetivo. Aunque, una vez abajo del minibus, un grupo de lugareños con caballos nos acorralaron ofreciéndonos insistentemente transporte y, tras rechazarlo (total… eran 100 metros!), nos encontramos sin guía en plena montaña, junto a una pareja de holandeses, y totalmente a oscuras ya que jamás nos informaron que debíamos llevar linterna (y jamás imaginamos que podrían dejarnos, previa excursión contratada, a oscuras en dicho contexto). Sinceramente no sabíamos donde pisábamos y tras habernos reunido con otros turistas en exactas mismas condiciones y después de varios tropezones y algunos desvíos (incluso algunas personas –nosotros nos abstuvimos– intentaron ascender completamente a oscuras por un “camino” que, una vez amanecido, nos habríamos percatado que se trataría de cornisa) hasta terminar encontrándonos perdidos, logramos reubicarnos y llegamos al bendito mirador después de una hora de caminata. Si bien hacía frío y lloviznaba, nos mantuvimos alertos al amanecer, al igual que otros 50 turistas aproximadamente que allí se encontraban. Y, después de una hora de espera, el sol salió aunque la neblina persistió por lo que sólo podíamos apreciar nubes y más nubes alrededor nuestro. Poco a poco, los turistas comenzaron a desistir hasta restar apenas 10 y, después de otras dos horas de espera, el valle se despejó mágicamente y surgieron los volcanes! Un paisaje lunar dominado por el pico del volcán Semeru y la actividad constante en forma de nubes grises y explosiones sonoras del volcán Bromo.
     Una vez de vuelta a la base, dedicamos algunas horas a recorrer las calles de Ngadisari, un pueblo gris que, como tantos otros de la zona, vive literalmente bajo cenizas y, cuyos habitantes se encuentran más que habituados a los “truenos” provocados por el volcán (cada 15 minutos sentíamos una explosión).
     Así dimos fin a nuestro recorrido por Indonesia, creyendo que pocas despedidas podrían haber sido mejores que aquélla ofrecida por Yogyakarta, una ciudad donde no sólo descubrimos una riqueza cultural sino también humana, en efecto, si bien derrochan sencillez, sus ciudadanos nos resultaron tan amables como cultos y generosos incluso con nosotros –extranjeros– mismos. De hecho, hubo dos ocasiones que marcaron nuestra estadía: una protagonizada por un grupo de policías que nos convidaron con papas fritas caseras cuando pasábamos por la puerta de la comisaría, las cuales resultaron ser tan pero tan ricas que, camino inverso, nos dirigimos directamente allí para preguntarles donde podríamos conseguir una bolsa semejante ante lo cual insistieron en regalarnos las suyas. Y otra protagonizada por un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Jakarta que se encontraba almorzando, al igual que nosotros, en un puesto callejero de comida, y se interesó por conversar con nosotros, incluso, manejaba perfecto español y, tras una breve charla sobre nuestras vidas, se retiró a su rutina aunque no sin antes invitar nuestros almuerzos, lo cual nosotros insistimos en rechazar respetuosamente hasta que este señor dio por terminada la conversación diciendo: “Este es mi país, es mi casa, yo los invito”. Ahora… seremos nosotros capaces de algo así?

Carla & Hernán