Desde Mersing decidimos subirnos al último servicio de bus que operaba desde dicha ciudad hacia Kuala Lumpur y así, considerando que se trataría de un viaje de 5 horas, nos ahorraríamos una noche de alojamiento! Sólo que nuestra miserabilidad no nos permitió darnos cuenta sino después de haber comprado los pasajes, que llegaríamos a una terminal de ómnibus alejada del centro en plena madrugada y sin reserva de alojamiento (lógico si queríamos obviarla), idea que nos inquietó un poco… El viaje fue muy bueno: un bus cómodo (aunque no logramos dormir mucho) y rutas en buen estado… por lo que llegamos a Kuala Lumpur sin demoras y contra cualquier prejuicio, nos encontramos con una terminal de ómnibus que se asemejaba más a un aeropuerto: grande, moderna, luminosa… un lujo! Así que decidimos aguardar allí hasta que amaneciera aunque dicha espera se prolongó unas cuantas horas más ya que hicimos uso y abuso por horas del wi-fi free que la terminal ofrecía.
Dispuestos a encontrar alojamiento, nos dirigimos a Chinatown, ubicamos un lugar donde Hernán permaneció con nuestras mochilas (recuerden que nuestras “casitas móviles” son lo suficientemente pesadas para justificar esta dinámica) mientras que Carla se encargaba del relevamiento del cual surgió una habitación privada de hostel, básica aunque limpia y muy bien ubicada.
Kuala Lumpur nos sorprendió y su diversidad nos agradó mucho: recorrimos barrios tradicionales como Chinatown o Little India, repletos de puestos callejeros de comida, que continuaron siendo nuestros favoritos (aunque incursionamos también en comida india) y anduvimos por las modernas calles de la zona financiera, las cuales se encuentran dominadas por las Torres Petronas; conocimos templos hindúes, budistas y musulmanes, principalmente, destacándose la Mezquita Nacional de dimensiones significativas (a propósito de las fotos, no se trata de un fantasma violeta… es Carla!); caminamos por Jl. Petaling, una peatonal repleta de puestos de imitaciones de todo tipo a precios irrisorios que nos limitamos a observar por el bien de nuestras columnas y paseamos por Berjaya Times Square, el shopping más grande del Sudeste Asiático que llega a albergar un completo parque de diversiones; visitamos un Mercado Central bastante sofisticado donde Carla innovó en técnicas de masajes (video incluído) y nos divertimos en Chow Kit, un mercado tradicional de verduras y carnes; lidiamos con tráficos caóticos a través de calles flanqueadas por arquitecturas que fusionan lo occidental con lo musulmán y nos purificamos en áreas verdes, distinguiéndose una tan grande que alberga lago, aviario, museo, orquidario (a modo informativo para nuestras madres particularmente, una orquídea con diez flores costaba, aproximadamente, 6 pesos argentinos), teatro y planetario, entre otros.
Después del enojo provocado tras percatarnos que la ropa que habíamos dejado en la lavandería había sido devuelta más sucia, alguna arruinada por vaya a saber uno que producto, mezclada con prendas de algún vecino e incluso incompleta ya que faltaba aparentemente una musculosa de Hernán (sin lugar a dudas faltaba… pero en su cabeza ya que luego apareció dentro de su mochila) y tras una larga discusión que culminó con la devolución del costo del servicio, armamos rápidamente nuestras mochilas, realizamos el check-out en el hostel y Hernán se dirigió a un cajero automático ya que desconocíamos si habría en el siguiente destino… sólo que se demoró unos 30 minutos de más, lo cual alteró al chofer del minibus que nos estaba esperando para trasladarnos… por lo que una vez Hernán de regreso, encaramos nuestro camino al minibus con tanta velocidad y tanta violencia (hay que tener en cuenta que habíamos discutido durante una hora seguida y Carla venía controlando la ansiedad del chofer) que se generó una situación bastante desagradable tras un importuno resbalón y posterior caída de Carla y 20 kilos de mochilas a cuestas, sobre un charco de… mmm… digamos que se trató de un momento de “mierda”. Así que una vez arriba del minibus, tras un improvisado cambio de ropa, arrancamos viaje a nuestra siguiente meta, Cameron Highlands, rogando dejar en Kuala Lumpur a la mala suerte que nos había acompañado esa mañana.
Carla & Hernán