15 de marzo de 2011

... Singapur!


     A fin de llegar a nuestro próximo destino, Singapur, optamos nuevamente por Lion Air, línea aérea que nos permitió arribar sin inconvenientes previa conexión en Jakarta, Indonesia, donde apenas permanecimos un par de horas en el aeropuerto.
     Dado que llegamos a las 20 horas apróximadamente, optamos por no dar muchas vueltas y tras solicitar algunas coordenadas a uno de los amabilísimos encargados de la Oficina de Turismo del aeropuerto, nos dirigimos directamente al hostel que nos habría recomendado la pareja de holandeses con quienes habíamos compartido la travesía al volcán Bromo.
     Ni bien arribados, Singapur nos transmitió sensaciones diferentes: desde su aeropuerto gigante y ultra-moderno hasta su sistema de trenes impecables en todo sentido, el cual nos permitió alcanzar nuestro objetivo, Chinatown, donde logramos ubicar al recomendado alojamiento –afortunadamente ya que desconocíamos verdaderamente su existencia– que si bien contaba con una recepción vacía, tenía instrucciones detalladas en papelitos y, cual búsqueda del tesoro, supimos cuál habitación podíamos ocupar aunque por dos noches únicamente puesto no había disponibilidad posterior y supuestamente debido a una feria de tecnología –la cual obviamente visitamos– por lo que, incluso, nos vimos obligados a mudarnos dos veces durante nuestra estadía.
     Siempre imaginamos a Singapur como una “burbuja” en Sudeste Asiático y tras haberlo recorrido, podemos afirmar que dicha denominación le sienta bastante bien. Se trata de una isla que mide 42 kilómetros de este a oeste y 23 kilómetros de norte a sur aunque no se resigna a sus limitaciones geográficas y continúa creciendo en extensión, robándole tierra al mar, y en altura gracias a sus rascacielos. Asimismo derrocha limpieza (veredas impecables no sólo en el centro de la ciudad sino en sus afueras –que nos vimos obligados a conocer– también), modernidad (una ciudad planificada cuya arquitectura resulta imponente y sus habitantes muy elegantes) y organización (a partir de la existencia de un amplio y eficiente sistema de transporte público). Además Singapur brilla de noche, tornándose, según nuestro criterio, mucho más linda aún!
     Dedicamos, primeramente, buen tiempo a resolver un inconveniente con nuestra netbook (algunas teclas dejaron repentinamente de funcionar en Indonesia) y tras hallar a la oficina de Samsung acertada –ya que hay muchísimas– logramos dejarla en reparación para retirarla después de 48 horas funcionando al 100%... y sin cobrarnos ni un solo peso!
     Una vez resuelto nuestro inconveniente tecnológico –que nos había amargado bastante– y tras haber conocido las periferias de la ciudad, nos limitamos a visitar algunos barrios como Chinatown, Little India y Kampong Glam (árabe). Asimismo recorrimos tanto al CDB, zona financiera, como al Marina Bay, área de la ciudad ocupada por un icónico hotel –desde cuya terraza se obtienen vistas de la ciudad tan alucinantes como su piscina de diseño inimaginable–, shopping, museo, vuelta al mundo, auditorio y otros. A propósito, aprovechando nuestro aspecto de turistas, paseamos por todos estos rincones aunque percibiendo cierto recelo ya que nuestras ropas hippies desentonaban bastante con los fracs y vestidos de gala de las personas que cruzábamos.
     Por su parte, Singapur puede resultar una perdición para aquellos apasionados por compras ya que rebalsa de shoppings (nos animamos a decir que existe uno cada tres manzanas) donde predominan joyerías y marcas de primera línea, en efecto, podemos afirmar que hay plata en Singapur: su parque automotor resulta de alta gama a punto tal que no pasaba una cuadra sin cruzarnos algún último modelo de Audi, BMW, Ferrari, Lamborghini o Mercedes Benz. Su evidente actividad financiera resulta impactante así como su transitado puerto, atestado de barcos que se amontonan y visualizan desde altura como bloques de rastis flotando en agua.
     Por último, Singapur ofrece montones de actividades –pagas a precios no muy módicos– tales como acuario, museos, zoológico, parques temáticos (Universal Studios y otros), teatros, eventos tales como la Fórmula 1 corriendo en plena ciudad y casino, donde nos divertimos aunque no logramos salvar nuestro viaje (imposible con apuestas de un centavo, no?).
     Una semana de estadía nos resultó más que suficiente y ya dispuestos a realizar nuestro primer cruce fronterizo terrestre, rumbeamos a Malasia, la cual será parte de nuestro próximo capítulo.

Carla & Hernán