Ya entendimos que las distancias siempre
resultarán más largas de lo que uno espera pero… donde están esos medios de
transporte de última generación que, supuestamente, existen en China? No hay
duda que aún no han sido instalados en el sur del país, de hecho, nuestro viaje
a Daocheng resultó más agotador que ningún otro: salimos muy temprano desde
Shangri-La; nuestro vehículo, un ómnibus modesto… tan modesto que sus rígidos
asientos ni medio grado se inclinaban; una ruta de óptimas condiciones aunque angostísima
por lo que, debido al tráfico de camiones, se generaban atascamientos y, por
qué no, accidentes también, en efecto, dos camiones desbarrancaron y, por más
de una hora, se mantuvieron inmovilizados aguardando a la policía, por ende,
cortaron ambos sentidos de la ruta hecho que, significativamente para nosotros,
no inquietó, ni enojó ni violentó a nadie… los chinos descendían de sus
vehículos y se acercaban al lugar del siniestro para mirar u opinar nomás. Y la
angosta ruta de óptimas condiciones se transformó en ripio que iba empeorando a
medida que nos adentrábamos en las montañas que, poco a poco, comenzaron a
mostrar sus siluetas; un camino muy lento de curvas y contracurvas nos permitió
ascender más y más y, si bien desconocemos qué altura alcanzamos, el paisaje de
montañas nos resultó impresionante.
Y después de doce horas de travesía,
arribamos a Daocheng. No nos restaban demasiadas energías por lo que, a la hora
de encontrar alojamiento, nos decidimos por una amplia habitación aunque compartida
de hostel cuyas camas poseían mantas eléctricas en vez de colchones que
asemejaban a camas para torturas; al menos resultamos agraciados por nuestro
compañero de cuarto, un ciclista chino que amanecía muy temprano y retornaba
cuando nosotros ya dormíamos.
Daocheng es especial: si bien ciudad, sus
dimensiones asemejan a las de un pueblo; sus habitantes son tibetanos que,
mayoritariamente, pueden comunicarse en inglés; su ambiente nos resultó
adorable, sin embargo, no hay, prácticamente, turistas extranjeros. Y, como no
podía resultar de otra forma, nos dedicamos a caminar muchísimo: disfrutamos
sus solitarias mañanas y sus dinámicas tardes, visitamos a la gigantesca stupa
en construcción que actúa como guardiana de la ciudad y que utilizan sus habitantes
para rezar dando vueltas a su alrededor; y alcanzamos una de las colinas de sus
alrededores inmediatos que Hernán, por supuesto, quiso ascender para obtener
vistas panorámicas de la ciudad y sus alrededores.
Con relación al clima, nuestra estadía
resultó agradablemente soleada aunque, por las noches, Daocheng se torna muy
fría, siendo nuestra mayor aliada para compensar aquellas temperaturas, una de
las tres aunque igualmente exquisitas variedades de sopas de fideos que
preparaban en un restaurantito ubicado a unos metros de nuestro alojamiento.
Y cuando sentimos que nuestros cuerpos se
habían recuperado después del viaje y, a su vez, acostumbrado a las duras
noches del hostel, alquilamos un par de bicicletas y nos dirigimos a las
afueras de Daocheng sin imaginar que aquel simple paseo se convertiría en una
experiencia inolvidable; gente excesivamente simpática y auténticos paisajes
nos despertaron sensaciones difíciles de explicar que, deseamos, nuestros
espíritus sepan conservar por siempre.
Debido al gobierno de China que había
reservado todos los ómnibus del día en que deseábamos partir, nuestra estadía
resultó extendida una noche más, lo cual nos permitió seguir disfrutando de
Daocheng y acumulando ánimos para encarar nuestro siguiente trayecto. A
Yangshuo debíamos llegar, por tanto, nos dirigiríamos a Chengdu en ómnibus y,
desde allí, trasbordaríamos al tren que nos retornaría al sur de China. Ahora
sí, la duración del viaje a nuestra ciudad de tránsito resulta un enigma: en la
estación de ómnibus nos informaron que serán una dieciocho horas, no obstante,
otros dicen que rondarán unas veinticuatro horas mientras que, por último,
algunos nos aseguraron que el ómnibus se detendrá para pernoctar en algún
pueblo del camino, de cualquier forma, nuestra suerte está echada por lo que,
dentro de algunos horas, seremos nosotros mismos capaces de afirmar que teoría
aplicó a nuestra historia…
Carla & Hernán
