15 de septiembre de 2011

... China! (quinta parte)


Ya entendimos que las distancias siempre resultarán más largas de lo que uno espera pero… donde están esos medios de transporte de última generación que, supuestamente, existen en China? No hay duda que aún no han sido instalados en el sur del país, de hecho, nuestro viaje a Daocheng resultó más agotador que ningún otro: salimos muy temprano desde Shangri-La; nuestro vehículo, un ómnibus modesto… tan modesto que sus rígidos asientos ni medio grado se inclinaban; una ruta de óptimas condiciones aunque angostísima por lo que, debido al tráfico de camiones, se generaban atascamientos y, por qué no, accidentes también, en efecto, dos camiones desbarrancaron y, por más de una hora, se mantuvieron inmovilizados aguardando a la policía, por ende, cortaron ambos sentidos de la ruta hecho que, significativamente para nosotros, no inquietó, ni enojó ni violentó a nadie… los chinos descendían de sus vehículos y se acercaban al lugar del siniestro para mirar u opinar nomás. Y la angosta ruta de óptimas condiciones se transformó en ripio que iba empeorando a medida que nos adentrábamos en las montañas que, poco a poco, comenzaron a mostrar sus siluetas; un camino muy lento de curvas y contracurvas nos permitió ascender más y más y, si bien desconocemos qué altura alcanzamos, el paisaje de montañas nos resultó impresionante.
Y después de doce horas de travesía, arribamos a Daocheng. No nos restaban demasiadas energías por lo que, a la hora de encontrar alojamiento, nos decidimos por una amplia habitación aunque compartida de hostel cuyas camas poseían mantas eléctricas en vez de colchones que asemejaban a camas para torturas; al menos resultamos agraciados por nuestro compañero de cuarto, un ciclista chino que amanecía muy temprano y retornaba cuando nosotros ya dormíamos.
Daocheng es especial: si bien ciudad, sus dimensiones asemejan a las de un pueblo; sus habitantes son tibetanos que, mayoritariamente, pueden comunicarse en inglés; su ambiente nos resultó adorable, sin embargo, no hay, prácticamente, turistas extranjeros. Y, como no podía resultar de otra forma, nos dedicamos a caminar muchísimo: disfrutamos sus solitarias mañanas y sus dinámicas tardes, visitamos a la gigantesca stupa en construcción que actúa como guardiana de la ciudad y que utilizan sus habitantes para rezar dando vueltas a su alrededor; y alcanzamos una de las colinas de sus alrededores inmediatos que Hernán, por supuesto, quiso ascender para obtener vistas panorámicas de la ciudad y sus alrededores.
Con relación al clima, nuestra estadía resultó agradablemente soleada aunque, por las noches, Daocheng se torna muy fría, siendo nuestra mayor aliada para compensar aquellas temperaturas, una de las tres aunque igualmente exquisitas variedades de sopas de fideos que preparaban en un restaurantito ubicado a unos metros de nuestro alojamiento.
Y cuando sentimos que nuestros cuerpos se habían recuperado después del viaje y, a su vez, acostumbrado a las duras noches del hostel, alquilamos un par de bicicletas y nos dirigimos a las afueras de Daocheng sin imaginar que aquel simple paseo se convertiría en una experiencia inolvidable; gente excesivamente simpática y auténticos paisajes nos despertaron sensaciones difíciles de explicar que, deseamos, nuestros espíritus sepan conservar por siempre.
Debido al gobierno de China que había reservado todos los ómnibus del día en que deseábamos partir, nuestra estadía resultó extendida una noche más, lo cual nos permitió seguir disfrutando de Daocheng y acumulando ánimos para encarar nuestro siguiente trayecto. A Yangshuo debíamos llegar, por tanto, nos dirigiríamos a Chengdu en ómnibus y, desde allí, trasbordaríamos al tren que nos retornaría al sur de China. Ahora sí, la duración del viaje a nuestra ciudad de tránsito resulta un enigma: en la estación de ómnibus nos informaron que serán una dieciocho horas, no obstante, otros dicen que rondarán unas veinticuatro horas mientras que, por último, algunos nos aseguraron que el ómnibus se detendrá para pernoctar en algún pueblo del camino, de cualquier forma, nuestra suerte está echada por lo que, dentro de algunos horas, seremos nosotros mismos capaces de afirmar que teoría aplicó a nuestra historia…

Carla & Hernán