7 de septiembre de 2011

... China! (tercera parte)


7.30 AM. Ya poseíamos nuestros pasajes –aunque un tanto atípicos– rumbo a Lijiang, por tanto, nos dirigimos según acordado a la oficina de pasajes ubicada dentro de las murallas de Dali y, desde allí, un empleado nos acompañó a una esquina por donde nos recogería nuestro minibus, el cual arribó puntualmente aunque, dado que su recorrido había iniciado en Xiaguan, no tuvimos posibilidad de elegir asientos, por tanto, debimos someternos a dos minúsculos aunque contiguos ubicados en una última y tortuosa fila.
Se trató de un óptimo trayecto –excepto para algunos estómagos chinos que sufrieron los efectos de las curvas– y, después de cuatro horas andando, arribamos a la terminal de ómnibus de Lijiang desde donde iniciamos nuestra marcha a pie rumbo a la parte antigua de la ciudad aunque, antes de alcanzar a la misma, topamos una serie de alojamientos que debido, seguramente, a su condición periférica al mayor atractivo de la ciudad, nos resultaron muy económicos y, por ende, allí nos instalamos.
Una avenida actúa como borde y, al oeste de la misma, se encuentra una moderna Lijiang mientras que, al este de ésta, se ubica una ciudad antigua conocida como Dayan o, simplemente, Old Lijiang.
Uno tiende a imaginarse que un pequeño pueblo resultará siempre mucho más encantador que una gran ciudad, sin embargo, existen expeciones. El tamaño de la antigua Lijiang es sumamente superior al de la amurallada Dali, no obstante, su atractivo no tiene parangón, de hecho, asemeja a una ciudad de fantasías: sus calles son empedradas peatonales cuyos desniveles permiten alucinantes vistas panorámicas, sus restauradas viviendas Naxi (etnia autóctona de Lijiang) antecedidas, generalmente, por rojos portones son galerías de arte u hoteles boutique, sus canales son impecables y, junto a sus puentes y sus sauces, ofrecen conmovedores paisajes.
Dado que las atracciones de los alrededores de la ciudad no nos despertaron mayor interés y, a su vez, exigían una entrada cuyo monto nos resultaba un poco exagerado, dedicamos nuestra estadía completa a caminar por esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO: accedimos a puntos panorámicos, ingresamos a antiguas viviendas, visitamos sus negocios, seguimos disfrutando de la gastronomía china (claypot, papas en todas sus formas –bastones, nidos o canelones–, pinchos de carne o vegetales asados o de pollo fritos, salteados y sopas de fideos) y admiramos sus noches de anaranjados tejados y peatonales que asemejan a laberintos iluminados por lámparas chinas.
Jamás imaginamos que el sur de China podría ofrecernos tanta pero tanta hermosura y ahora, motivados por esos picos que ya desde Lijiang podemos observar, seguiremos ascendiendo a fin de alcanzar una ciudad que, quizás, se trate de un verdadero Shangri-La.

Carla & Hernán