Otro tren ultra-rápido nos llevaría a
Suzhou, por consiguiente, nos dirigimos a la estación de trenes de Shanghai
donde aguardamos su anuncio sólo que, al momento de ascender al mismo, lo
hicimos erróneamente y, en vez de subirnos al tren ubicado a la derecha de la
plataforma, lo hicimos a aquel a la izquierda de la misma, de cualquier forma,
nuestro error resultó evidente para todos –incluso para nosotros– ya que aquel
vagón correspondía a una clase de servicio superior, por ende, nuestros
aspectos atrajeron a las miradas de los demás pasajeros, mayoritariamente,
corporativos de Occidente que nos intimidaron lo suficiente como para no
demorarnos demasiado en resolver nuestra situación.
Obviamente el viaje se nos pasó
rapidísimo; llegamos a la estación de trenes de Suzhou, averiguamos qué
colectivo nos acercaría al área deseada para alojarnos y, de esta forma, nos
dirigimos al sur del centro de la ciudad donde Carla aguardó sentada, esta vez,
al frente de una negocio de ropa mientras Hernán se dedicó a la búsqueda de
alojamiento que resultó una de las más complicadas en China: nos encontrábamos
trabados debido, no sólo al precio de las habitaciones sino, directamente, a la
inexistencia de hoteles, de hecho, Hernán caminó muchísimo y, después de dos
horas sin resultados, pasó su posta a Carla que pensó en solicitarle ayuda a la
simpática joven que trabajaba en el negocio de ropa quien, no sólo le prestó
una computadora con Internet sino que, también, desplegó un mapa para ayudarla
a ubicarse y, acertadamente, le señaló un hotel que quedaba, ni más ni menos,
justo frente a nuestra “base de operaciones” (y que nosotros no habíamos
identificado ya que no poseía nada que nos indicara que se tratara de un
hotel). Así que Carla se acercó al hotel, miró una habitación que la enamoró
gracias a las usuales comodidades (ducha con agua caliente, termo eléctrico,
televisión) más algunas otras ocasionales (conexión a Internet) y,
principalmente, al moderno diseño de la que, sería, una amplia cadena de
hoteles de China y, después de discutir mínimamente su precio, nos instalamos.
Suzhou, al igual que muchísimas otras
ciudades de China, posee dos áreas aunque, en este caso, no muy bien
diferenciadas: una moderna de amplias avenidas y peatonales repletas de
negocios aunque, asimismo, salpicadas por templos y, un poco más allá, una zona
de casas de tejados característicamente chinos, canales atravesados por puentes
y vías empedradas que visitamos a diario, ya sea para pasear o para ir en busca
de unas galletitas que resultaron adictivas para Hernán.
Quisimos, asimismo, ingresar a algunas de
las tantas atracciones que posee esta ciudad que atrae a montones –pero
montones– de turistas chinos. Así, en primer lugar, visitamos a la Beisi Ta,
una pagoda antiquísima antecedida por una simpática imagen de Buda y ubicada
dentro de un complejo que incluye más templos para, posteriormente, dirigirnos
a algunos de sus jardines, en efecto, Suzhou posee montones de jardines cuyos
altos costos de ingreso nos obligaron a definirnos por dos: “The Couple’s
Garden Retreat” y “The Humble Administrator’s Garden”. Ambos nos ofrecieron
paisajes similares, no obstante, The Humble Administrator’s Garden se trató de
la primera atracción AAAAA de China que visitamos, la cual no nos resultó
extraordinaria: sí, son cuidadísimas áreas verdes que siguen elaborados diseños
paisajísticos y, en algunos casos, incluyen antiguas muestras arquitectónicas
pero que nosotros no supimos apreciar del todo ya sea por desconocimiento o por
nuestro prototipo de “jardín” que difiere por completo a aquellos, por lo que
nos sentimos un poquito desilusionados aunque no lo suficiente como para opacar
nuestra visita a Suzhou, la cual nos resultó agradable ya que, incluso, nos dejó
resto de tiempo para descansar y para organizar nuestra partida rumbo a
Beijing, adonde, sí o sí, deberíamos resolver nuestra salida de China debido a
nuestras visas que siempre parecen estar venciendo y donde, obviamente,
aprovecharíamos para pasear por esta ciudad, la última a la cual retornaríamos
después de cinco años, la más añorada por nosotros a lo largo de todo este
tiempo.
Carla & Hernán



