14 de octubre de 2011

... China! (octava parte)


Salir de Hong Kong no debía suponernos ninguna complicación, simplemente, debíamos transitar inversamente el camino realizado ocho días atrás, de esta forma, un tren nos acercó al puesto de migraciones de Hong Kong desde donde, posteriormente, accedimos al de China y, una vez re-ingresados al país, nos dirigimos a la estación de trenes de Shenzen donde aguardamos que una interminable hilera de pasajeros avanzara para poder comprar nuestros pasajes a Guangzhou.
175 kilómetros separan a ambas ciudades, Shenzen y Guangzhou, a la vez que decenas de trenes unen a las mismas, no obstante, no conseguimos disponibilidad inmediatamente sino que debimos aguardar unas tres horas para nuestra partida en un tren que, realmente, nos sorprendió: moderno, ultra-rápido (alcanzó unos 180 kilómetros por hora) y tan impecable que nuestras mochilas, más roñosas que nunca, nos avergonzaban.
Y, la verdad, no nos sentimos muy bienvenidos por Guangzhou, en efecto, una vez arribados a su terminal de trenes, quisimos asegurarnos nuestra partida aunque nos resultó imposible ya que no había disponibilidad debido al feriado que atravesábamos, por tanto, pospusimos nuestra resolución para dedicarnos a la búsqueda de alojamiento que nos resultó igualmente complicadísima ya que todos los hoteles nos ofrecían tarifas altísimas, de cualquier manera, no nos rendimos sino una vez anochecido y, mientras nos dirigíamos a una de las primeras opciones, un “cazaclientes” nos interceptó, nos mostró un hotel (un folleto de hotel) un poco más económico y nos regaló un traslado en taxi al mismo adonde, ni bien instalados, surgió un nuevo inconveniente.
Al parecer Hernán anduvo distraído y le encajaron el huevo podrido y, a partir de éste, sucedió una impensada estadía que incluyó comunicaciones a la asistencia al viajero, visitas a clínicas, consultas con especialistas, medicaciones, reposo, semi-internaciones, alucinaciones, semi-pernoctes en el lobby del hotel, discusiones con la asistencia al viajero y un exceso de comunicaciones a Argentina.
Así sucedió un día tras otro y aquella estadía que habíamos destinado a Guangzhou se alargó y, en vez de quedarnos unas dos noches, nos terminamos yendo después de trece; retraso que, sumado a la sugerencia del Dr. Chan, el especialista que siguió la evolución de Hernán, nos instó a alterar nuestro itinerario por uno más moderado y, durante nuestro tiempo en Guangzhou, comenzamos a analizar opciones a seguir para nuestros siguientes meses de viaje.
Y como no quisimos que nuestros recuerdos de Guangzhou se remitieran a las inmediaciones del hotel y al trayecto desde éste a la clínica, dedicamos un último día a pasear por una de las zonas más modernas de la ciudad que bordean al río Perla.
Ahora sí, después de tantos días de encierro, abandonar Guangzhou no nos generaba otra cosa más que alegría por lo que, intentando retomar nuestro ritmo perdido, nos preparamos para dirigirnos a nuestro siguiente destino, Hangzhou, una ciudad que atrae a montones de chinos quienes, según se dice, deben visitarla al menos una vez durante sus vidas.

Carla & Hernán