18 de octubre de 2011

... China! (novena parte)


Llegar a Hangzhou implicó uno de los trayectos más agradables por China, quizás, debido a la fortuna de habernos tocado ambas literas inferiores, sin lugar a dudas, las más cómodas de todas y las que, además, aseguran el acaparamiento de la mesa ubicada dentro del compartimento. Así, después de 1,600 kilómetros y veinte horas de viaje, llegamos a Hangzhou, salimos de la estación de trenes e intentamos hallar un hotel económico alrededor de la misma aunque no lo logramos, por ende, Hernán aguardó junto a nuestras mochilas mientras que Carla se dirigió a una de las avenidas principales donde, a metros de la misma, se decidió por una agradable habitación, un poco pequeña, sí, aunque mucho más económica que sus últimas dos antecesoras, lo cual generaría un respiro a nuestro últimamente asfixiado monto diario para gastos.
La ciudad de Hangzhou nos resultó muy agradable: moderna aunque no menos tradicional, se encuentra centrada por un lago de grandes dimensiones que, a su vez, se halla atravesado por dos avenidas, una repleta de sauces llamada Baidi y otra, llamada Su Causeway, que incluye puentes y vistas adorables a la pagoda que domina a la ciudad; alrededor del lago se ubican montones de áreas verdes y, más allá de éstas, negocios, muchos negocios que, al parecer, surgen por doquier a partir del consumo desenfrenado que los “chinos de la costa” han desarrollado; además posee un sistema de uso público de bicicletas que, realmente, nos sorprendió a la vez que nos demostró, una vez más, que los chinos resultan mucho más educados de lo que, comúnmente, se prejuzga.
A lo largo de nuestra estadía, no sólo nos dedicamos a pasear por la parte más céntrica de Hangzhou sino que, además, quisimos visitar sus alrededores por lo que, primeramente, nos dirigimos a Longjing, un pueblo dedicado a las plantaciones de té, uno de los paisajes que más nos gustan y, posteriormente, visitamos al Feilai Feng, un complejo que alberga increíbles imágenes budistas talladas en la montaña, un adorable monasterio y un templo desde donde se originan unos mil escalones que Hernán, obviamente, quiso ascender y, de esta forma, alcanzar más vistas panorámicas de las montañas de los alrededores de la ciudad.
A Hangzhou llegamos arrastrados por un ritmo muy lento después del encierro de Guangzhou aunque, ahora, nos vamos sintiéndonos más enérgicos después de una estadía donde retomamos nuestras caminatas kilométricas que, en definitiva, siempre resultan lo que más disfrutamos! Lo que sigue: Shanghai, una ciudad que ya había sido descartada de nuestro itinerario hace cinco años atrás por lo que ahora, ineludiblemente, será parte de nuestro periplo por China.

Carla & Hernán