24 de octubre de 2011

... China! (décimo primera parte)


Otro tren ultra-rápido nos llevaría a Suzhou, por consiguiente, nos dirigimos a la estación de trenes de Shanghai donde aguardamos su anuncio sólo que, al momento de ascender al mismo, lo hicimos erróneamente y, en vez de subirnos al tren ubicado a la derecha de la plataforma, lo hicimos a aquel a la izquierda de la misma, de cualquier forma, nuestro error resultó evidente para todos –incluso para nosotros– ya que aquel vagón correspondía a una clase de servicio superior, por ende, nuestros aspectos atrajeron a las miradas de los demás pasajeros, mayoritariamente, corporativos de Occidente que nos intimidaron lo suficiente como para no demorarnos demasiado en resolver nuestra situación.
Obviamente el viaje se nos pasó rapidísimo; llegamos a la estación de trenes de Suzhou, averiguamos qué colectivo nos acercaría al área deseada para alojarnos y, de esta forma, nos dirigimos al sur del centro de la ciudad donde Carla aguardó sentada, esta vez, al frente de una negocio de ropa mientras Hernán se dedicó a la búsqueda de alojamiento que resultó una de las más complicadas en China: nos encontrábamos trabados debido, no sólo al precio de las habitaciones sino, directamente, a la inexistencia de hoteles, de hecho, Hernán caminó muchísimo y, después de dos horas sin resultados, pasó su posta a Carla que pensó en solicitarle ayuda a la simpática joven que trabajaba en el negocio de ropa quien, no sólo le prestó una computadora con Internet sino que, también, desplegó un mapa para ayudarla a ubicarse y, acertadamente, le señaló un hotel que quedaba, ni más ni menos, justo frente a nuestra “base de operaciones” (y que nosotros no habíamos identificado ya que no poseía nada que nos indicara que se tratara de un hotel). Así que Carla se acercó al hotel, miró una habitación que la enamoró gracias a las usuales comodidades (ducha con agua caliente, termo eléctrico, televisión) más algunas otras ocasionales (conexión a Internet) y, principalmente, al moderno diseño de la que, sería, una amplia cadena de hoteles de China y, después de discutir mínimamente su precio, nos instalamos.
Suzhou, al igual que muchísimas otras ciudades de China, posee dos áreas aunque, en este caso, no muy bien diferenciadas: una moderna de amplias avenidas y peatonales repletas de negocios aunque, asimismo, salpicadas por templos y, un poco más allá, una zona de casas de tejados característicamente chinos, canales atravesados por puentes y vías empedradas que visitamos a diario, ya sea para pasear o para ir en busca de unas galletitas que resultaron adictivas para Hernán.
Quisimos, asimismo, ingresar a algunas de las tantas atracciones que posee esta ciudad que atrae a montones –pero montones– de turistas chinos. Así, en primer lugar, visitamos a la Beisi Ta, una pagoda antiquísima antecedida por una simpática imagen de Buda y ubicada dentro de un complejo que incluye más templos para, posteriormente, dirigirnos a algunos de sus jardines, en efecto, Suzhou posee montones de jardines cuyos altos costos de ingreso nos obligaron a definirnos por dos: “The Couple’s Garden Retreat” y “The Humble Administrator’s Garden”. Ambos nos ofrecieron paisajes similares, no obstante, The Humble Administrator’s Garden se trató de la primera atracción AAAAA de China que visitamos, la cual no nos resultó extraordinaria: sí, son cuidadísimas áreas verdes que siguen elaborados diseños paisajísticos y, en algunos casos, incluyen antiguas muestras arquitectónicas pero que nosotros no supimos apreciar del todo ya sea por desconocimiento o por nuestro prototipo de “jardín” que difiere por completo a aquellos, por lo que nos sentimos un poquito desilusionados aunque no lo suficiente como para opacar nuestra visita a Suzhou, la cual nos resultó agradable ya que, incluso, nos dejó resto de tiempo para descansar y para organizar nuestra partida rumbo a Beijing, adonde, sí o sí, deberíamos resolver nuestra salida de China debido a nuestras visas que siempre parecen estar venciendo y donde, obviamente, aprovecharíamos para pasear por esta ciudad, la última a la cual retornaríamos después de cinco años, la más añorada por nosotros a lo largo de todo este tiempo.

Carla & Hernán