2 de enero de 2012

... Nepal! (última parte)


Quizás se deba al mínimo número de latinoamericanos que cruzamos a lo largo de nuestros –casi– once meses de viaje por lo que nos agradó tanto conocer a Boris, un peruano aunque residente en Alemania, quien nos acompañó abordo del ómnibus turístico (igual a cualquier otro aunque sin tantos pasajeros y, por ende, tantas paradas en el camino) desde Sauraha a Pokhara, adonde sorteamos a los taxistas que nos acosaron al arribo y nos dirigimos a pie al área del lago Phewa Tal, siguiendo a la referencia  de Will, uno de los amigos de Feng, una ganga de hotel ubicado un tanto más allá del área más céntrica que, gracias a su disposición, nos permitió vistas panorámicas al lago y a las montañas.
Y, justo a tiempo, llegamos para ir de compras y, a partir del préstamo de la cocina del alojamiento, preparar nuestra cena de Nochebuena que compartiríamos junto a Boris: un pollo al jengibre con verduras que disfrutamos tanto como su preparación, en efecto, después de tantos meses, algunas rutinas se volvieron entrañables. Así, al día siguiente, seguimos de festejo (aunque sin Boris que ya había debido partir) por lo que Navidad y un nuevo cumple mes de viaje, el # 11, sobraron de excusa para regalarnos un par de porciones de torta de chocolate y un vino más a nuestro viaje.
Así dimos inicio a unos días muy relajados (salvo a la hora en la que los dueños del alojamiento, un matrimonio germano-nepalí, iniciaban sus guerras de platos) que sucedieron, principalmente, en la terraza del hotel: allí desayunamos y, por las tardes, mateamos, nos dedicamos a actualizar al blog y diagramar nuestros próximos itinerarios.
Aunque no demasiado, además, paseamos por Pokhara, una ciudad que alberga al lago Phewa Tal y, más allá de éste, vistas a los picos nevados de los Himalayas, asimismo, un sinfín de servicios destinados a turistas: agencias de viajes, negocios que, nuevamente, avivaron al –deseado– consumismo de Carla y montones de restaurantes aunque hayan sido dos, uno simple y otro adonde nos servían unas majestuosas hamburguesas vegetarianas, aquellos que nos acogieron día tras día.
Igualmente nos dirigimos a los alrededores de la ciudad y, primeramente, atravesamos un área boscosa –aunque rapidito rapidito ya que, al ingresar a la misma, un vecino nos alertó acerca de los malhechores del bosque– y alcanzamos a la World Peace Pagoda que nos alucinó: su imagen tan inmaculada y su posición tan imponente que asemeja a un guardián de Pokhara, de hecho, nos sentimos atrapados por sus vistas panorámicas… y sus parapentistas. Y, más tarde, un mini-trekking nos trasladó a Sarangkot, un pueblo donde sentimos a los Himalayas, nuevamente, al alcance de nuestras manos.
Y así llegamos al final de nuestros días en Pokhara y en Nepal que coincidieron con el final de los días del 2011, de hecho, iniciaríamos un año nuevo paseando a lo largo de su feria callejera y, por supuesto, comiendo, esta vez, unas pakoras (unas especies de buñuelitos que siempre nos recordaron a nuestras madres) sumadas a unas carnes de búfalo y pollo asadas y acompañadas por vegetales; y, por que no, regalándonos un Don Braulio, un vino español, a modo de despedida ya que nuestra partida a Kathmandú resultaría inminente y, posteriormente, a Kakarbhitta, una ciudad que nos exigirá, apenas, unos minutos… aquellos minutos que demora un agente de migraciones en agregar un nuevo sello –de salida– a nuestros pasaportes.

Carla & Hernán