4 de julio de 2012

... Egipto! (segunda parte)


Sin más opciones, elegimos al ómnibus que saldría desde Turgoman Garage y andaría a lo largo de toda la noche –o, un poco más también, ya que llegamos a las dieciséis horas de la partida– a Aswan adonde nos organizamos al estilo de siempre: mientras que Hernán quedó a la guarda de las mochilas, analizaba –Carla– alternativas de alojamiento, optando por uno que, al final, sería relegado mientras íbamos rumbo al mismo, al conocer a Aco, un simpático egipcio que nos otorgó un insuperable importe por una habitación que, aunque estéticamente desagradable, poseía aire acondicionado y baño privado e, igualmente importante, una ubicación inmejorable: sobre la adorable peatonal del mercado que caminamos e, incluso, nos asentamos junto a la primera sheesha del viaje mientras mirábamos a los personajes de Aswan; diagonal al –más que visitado– puesto de falafel o hígado en pan árabe; a pocos metros de la azulada costanera del río Nilo –sorprendentemente, si se la compara a la grisácea de Cairo–, ocupada por cruceros y feluccas (bote de madera a vela) de lo más atractivas.
Al lado del río desayunamos alguna que otra mañana, paseamos uno y otro día y lo cruzamos junto a Hiro, un japonés que conocimos en lo de Aco, abordo del ferry –que nos negamos a abonar más que los locales por lo que vimos irse al primero y retrasarse al segundo por nosotros– y nos dio acceso a la isla Elefantina que alberga al gran número de nubios (antigua población que resulta de la mezcla de egipcios y sudaneses), además, un par de nilómetros –que nunca reconocimos– y unas ruinas a las que ingresamos sin querer –queriendo– a través de la “puerta” de atrás.
Aco, un ejemplo de negociante de Egipto, nos asesoró y, al final, nos vendió a las siguientes actividades. Así, madrugamos y, a las cuatro de la mañana, nos sumamos al que vimos más como vestigio, un convoy turístico que andaría unos 280 kilómetros a lo largo de la ruta rodeada del desierto, rumbo a Abu Simbel. Al ingreso, lógicamente, abonamos nuestras admisiones que, inesperadamente, serían más que la supuesta ya que, a la principal, se sumaba una –aceptable– del gobierno y otra –inexplicable– del sindicato de guías de turismo, por lo que nos preguntamos… “y los guías?”; infelizmente nos quejamos y nos mandaron uno que poco se veía como guía –ni siquiera hablaba inglés– que simulaba darnos explicaciones aunque sus aportes se limitaran a “beautiful, beautiful”; por suerte, nos “perdimos” y seguimos andando solos…
Ahora bien, dejando de lado a la ausencia de turistas, nos sentimos atraídos, primeramente, a partir del artificial lago Nasser, azulado y gigantesco, culpable de una de las mayores obras de ingeniería de los años 60’s, al tener que ser trasladados los templos debido a la subida del nivel de las aguas del Nilo; seguimos avanzando y vimos al protagonista del complejo, al Gran Templo de Abu Simbel, cuyos colosos protegen un interior igualmente majestuoso –altísimas columnas, paredes talladas e, incluso, pintadas–; y, un poco más allá, al dedicado a la amada de Abu Simbel, Nefertari, sin lugar a dudas, otro gran ejemplo de mantenimiento y presentación gracias a la agradable iluminación y pasarelas que, verdaderamente, justifican al valor del ingreso (un poco más alto que otros) aunque… seguimos pensando acerca del sindicato, tanto, que Hernán se hizo de dos grandes amigos por si volvía a seguirnos aquel pseudo guía de turismo…
Aswan nos agradó aunque, asimismo, gozamos de la partida que sería sin igual: junto a Hiro, otra japonesa llamada Maki más Alex y David, hijo y padre ingleses, nos subimos a una de las seis feluccas de Aco y, gracias a la presencia de –ambos nubios– capitán y ayudante –también cocinero– vivimos una amena experiencia, navegando a lo largo del Nilo que nos regalaba más “imágenes nubias” a sus orillas; una pequeña playa nos dio la posibilidad –que rechazamos– de zambullirnos a las heladas aguas del río; un atardecer no más inolvidable que la luna… una gigantesca luna que nos iluminó a lo largo de gran parte de la noche… una noche inigualable sobre las aguas del Nilo… una última noche en Aswan –o, mejor dicho, los alrededores de Aswan– pues, a la mañana siguiente, seguiremos viaje más conservadoramente, rumbo al siguiente de los destinos de Egipto, un paso obligado: Luxor.

Carla & Hernán