12 de marzo de 2012

... India! (décimo tercera parte)


Sí, esta vez, llegamos después del amanecer a Jaipur, no obstante, quisimos aguardar a que la ciudad se viera –aunque más no sea mínimamente– animada para iniciar nuestro rastreo de alojamientos. Así, un chai y un indio que, al igual que nosotros, aguardaba aunque su momento para dirigirse a rendir un examen, nos acompañaron mientras nos apostamos en la sala de espera de la estación de trenes, de la cual no quisimos alejarnos pues sabíamos nuestro paso por Jaipur no sería extenso, por consiguiente, visitamos sus alrededores más inmediatos aunque sin éxito, seguimos andando a una zona más elegante y más costosa también por lo que, agotados, regresamos al inicio y, allí, conocimos al “tuk-tukero” que, una vez más, sería nuestro aliado: siguiendo su objetivo –conseguir una comisión– negoció por nosotros, ingresó a uno y otro y otro alojamiento y, al final, aceptaron su número –o sea, nuestro presupuesto– por un hotel cuya ubicación no sería muy atractiva… como tampoco lo serían las cucarachas de la habitación aunque, más allá de aquellos detalles, sí, nos sentiríamos a gusto a partir de su azotea y del –siempre bienvenido– servicio de wi-fi.
Al igual que otras, Jaipur incluye dos áreas: una más nueva y poco atractiva y otra amurallada y más antigua, esta última, apodada “ciudad rosa” por su arquitectura aunque nos resultase minimizada a causa del caos de la ciudad; atravesamos sus vías primarias y secundarias, accedimos a templos, visitamos sus mercados e ingresamos a algunos de los puntos de interés de la ciudad como al agradable Hawa Mahal (casa de las señoras del maharajá), al curioso Jantar Mantar (un observatorio que data del siglo XVIII) y al aburrido Albert Hall (museo de la ciudad) gracias al combo de entradas que incluía a los anteriores como al más interesante –para nosotros– de todos los atractivos, el fuerte de Amber.
Un colectivo, el #5 según averiguamos, nos acercaría unos once kilómetros a Amber… solo que no supimos sino más tarde que Jaipur (o quizás India?) posee dos sistemas de transporte, uno privado –agobiante, arruinado y atestado– y otro público –acondicionado, impecable y más o menos ocupado– que superponen sus numeraciones; nosotros, ignorantes, nos subimos al primer #5 que vimos y que, desde ya, no sería acertado aunque su conductor –que no hablaba inglés– sería más que atento para nosotros, otorgando un asiento –y qué asiento!– a Carla y trasladándonos a una de las puertas de la parte antigua adonde aguardaría –generando, sí, algunas quejas por parte de otros pasajeros– que un #5 público apareciera para indicárnoslo y, sin más, saludarnos.
Así, aireados y sentados, arribamos al fuerte de Amber, cuya imagen exterior nos impactó o re-impactó, simplemente, no hay ejemplo de fuerte más hermoso en India; su entorno montañoso, su estado de conservación, incluso, sus paseos sobre elefantes otorgan un “algo” especial aunque su red de túneles sería, para nosotros, insuperable.
Jaipur se hizo la fama… y, hoy por hoy, se incluye a todo itinerario organizado; nosotros, por nuestra parte, no nos sentimos muy atraídos por esta ciudad por lo que, según planeado, diríamos adiós a Jaipur y, junto al mismo, adiós al adorable Rajasthan pues, ahora, una nueva etapa del viaje por India se aproxima… otra cultura, otro paisaje, otra temperatura… nuestro paseo por el norte del país y su primera parada, Amritsar.

Carla & Hernán