Sí, esta vez,
llegamos después del amanecer a Jaipur, no obstante, quisimos aguardar a que la
ciudad se viera –aunque más no sea mínimamente– animada para iniciar nuestro rastreo
de alojamientos. Así, un chai y un indio que, al igual que nosotros, aguardaba
aunque su momento para dirigirse a rendir un examen, nos acompañaron mientras
nos apostamos en la sala de espera de la estación de trenes, de la cual no
quisimos alejarnos pues sabíamos nuestro paso por Jaipur no sería extenso, por
consiguiente, visitamos sus alrededores más inmediatos aunque sin éxito, seguimos
andando a una zona más elegante y más costosa también por lo que, agotados, regresamos
al inicio y, allí, conocimos al “tuk-tukero” que, una vez más, sería nuestro
aliado: siguiendo su objetivo –conseguir una comisión– negoció por nosotros,
ingresó a uno y otro y otro alojamiento y, al final, aceptaron su número –o
sea, nuestro presupuesto– por un hotel cuya ubicación no sería muy atractiva…
como tampoco lo serían las cucarachas de la habitación aunque, más allá de
aquellos detalles, sí, nos sentiríamos a gusto a partir de su azotea y del
–siempre bienvenido– servicio de wi-fi.
Al igual que
otras, Jaipur incluye dos áreas: una más nueva y poco atractiva y otra
amurallada y más antigua, esta última, apodada “ciudad rosa” por su
arquitectura aunque nos resultase minimizada a causa del caos de la ciudad;
atravesamos sus vías primarias y secundarias, accedimos a templos, visitamos
sus mercados e ingresamos a algunos de los puntos de interés de la ciudad como
al agradable Hawa Mahal (casa de las señoras del maharajá), al curioso Jantar
Mantar (un observatorio que data del siglo XVIII) y al aburrido Albert Hall
(museo de la ciudad) gracias al combo de entradas que incluía a los anteriores
como al más interesante –para nosotros– de todos los atractivos, el fuerte de
Amber.
Un colectivo,
el #5 según averiguamos, nos acercaría unos once kilómetros a Amber… solo que
no supimos sino más tarde que Jaipur (o quizás India?) posee dos sistemas de
transporte, uno privado –agobiante, arruinado y atestado– y otro público –acondicionado,
impecable y más o menos ocupado– que superponen sus numeraciones; nosotros,
ignorantes, nos subimos al primer #5 que vimos y que, desde ya, no sería
acertado aunque su conductor –que no hablaba inglés– sería más que atento para
nosotros, otorgando un asiento –y qué asiento!– a Carla y trasladándonos a una
de las puertas de la parte antigua adonde aguardaría –generando, sí, algunas
quejas por parte de otros pasajeros– que un #5 público apareciera para indicárnoslo
y, sin más, saludarnos.
Así, aireados
y sentados, arribamos al fuerte de Amber, cuya imagen exterior nos impactó o
re-impactó, simplemente, no hay ejemplo de fuerte más hermoso en India; su
entorno montañoso, su estado de conservación, incluso, sus paseos sobre
elefantes otorgan un “algo” especial aunque su red de túneles sería, para
nosotros, insuperable.
Jaipur se hizo
la fama… y, hoy por hoy, se incluye a todo itinerario organizado; nosotros, por
nuestra parte, no nos sentimos muy atraídos por esta ciudad por lo que, según
planeado, diríamos adiós a Jaipur y, junto al mismo, adiós al adorable
Rajasthan pues, ahora, una nueva etapa del viaje por India se aproxima… otra
cultura, otro paisaje, otra temperatura… nuestro paseo por el norte del país y
su primera parada, Amritsar.
Carla & Hernán
