8 de febrero de 2011

... Australia! (segunda parte)

    
     Según planeado, nuestro tiempo en Sydney había concluido, por lo tanto, partimos bien temprano para embarcarnos en el primer vuelo disponible rumbo a Cairns y dar inicio así a nuestra primera semanita de vida de playa… idea que comenzó a desmoronarse apenas nos pusimos en contacto con personal de Qantas cuando una chica muy gentil nos informó que, aparentemente, se dirigía un ciclón hacia nuestro destino y tras haber analizado la posibilidad de alterar nuestro itinerario, no obstante, decidimos mantener nuestro programa ya que o bien nos dirigíamos allí o bien lo dejábamos atrás definitivamente y, como era de suponerse, no queríamos perdernos nada… pensamos “un par de días de lluvia y viento nos servirían para asentarnos un poco más!” Y así nos embarcamos al ojo de la tormenta (literalmente aunque sin saberlo aún).
     Después de tres horas de vuelo impecables y un servicio que derrocha calidad, llegamos a Cairns, donde volvimos a consultar sobre la relevancia del ciclón y, tras no haber encontrado demasiada preocupación, nos dirigimos rumbo a Port Douglas (gracias Napo por la recomendación), una pequeña ciudad ubicada a 60 km al norte del aeropuerto.
     Al llegar a nuestro destino, más allá del calor y la humedad típicamente tropicales, percibimos una desolación similar a una ciudad fantasma: muchos lugareños habían decidido auto-evacuarse por lo que había muy poca gente por las calles, negocios cerrados, recepciones vacías, pocos autos circulando… y nosotros, cual salidos de una burbuja, consultando por alojamiento baratito baratito!
     Rondaban las 17 horas (habíamos perdido el primer vuelo que partía desde Sydney mientras evaluábamos cómo seguir nuestro itinerario) y decidimos optimizar nuestras energías: Hernán se quedaría aguardando con nuestras mochilas mientras Carla iba en busca de alojamiento. Y sí, a la hora aproximadamente, Carla había recogido no sólo unas cuantas opciones dónde dormir, sino también unos cuantos (y tenebrosos) comentarios acerca del ciclón que llegaría en 24 horas… De esta forma, elegir alojamiento no resultó difícil ya que automáticamente descartó a todas aquellas construcciones poco rígidas y habitaciones en planta baja (por riesgo a las inundaciones) y aquéllas en último piso (por riesgo a las voladuras de techo), llegando a un departamento ubicado a una cuadra de la playa y muy pero muy… no no… pero muy top (vean las fotos) que, afortunadamente, se ajustaba a nuestro presupuesto (nunca supimos si nos hicieron precio porque sería la última vez que lo alquilarían ya que luego se lo llevaría el viento o porque no llegarían turistas por un largo tiempo).
     Una vez acomodados y abastecidos de comida (los supermercados permanecerían cerrados a partir del día siguiente), prosiguieron horas extrañas, siguiendo el camino de Yasi, el ciclón “más duro que golpearía a Australia en las últimas décadas” a través de las noticias. 
     Y Yasi vino pero, pobrecito y por fortuna nuestra, andaba bastante mal de los pulmones, de hecho, el turbo de casa movía más hojas que el ciclón. Por suerte, el centro del mismo pasó a más de 100 km al sur y sólo dejó hojas desparramadas por la cuidad. Eso sí… uno de los integrantes de la pareja no quiso perderse ni un minuto del “cyclone forward plan” australiano y se fue a dormir con la linterna bajo la almohada…
     Poco a poco, la rutina de Port Douglas comenzó a retomarse aunque, desafortunadamente, el clima no se normalizó y, tras Yasi, prosiguieron días nublados y lluvias tropicales más que recurrentes mientras que las caminatas por la playa interrumpidas por tormentas eléctricas potenciaban tanto la emoción cual corresponsal de catástrofe de Hernán como la devoción de Carla por los santos.
     De cualquier forma y dejando los “detalles” climáticos de lado, Port Douglas nos resultó encantadora: ambiente tropical, calles sin semáforos, playas muy limpias y larguísimas (comparadas con otras de la zona) y aguas cálidas que esconden al arrecife de coral más extenso del mundo, entorno al cual, hay montones de actividades organizadas aunque muy costosas también (al respecto, Yasi nos hizo ahorrar ya que, debido a las condiciones climáticas, éstas se encontraban suspendidas).
     Y ya llegando al final de nuestra estadía, la cual, más allá de las horas de encierro, fluyó en armonía, logramos conocer al sol de la “costa dorada” australiana que brilló intermitentemente, disfrutando también de la pile del departamento, y permitiéndonos llevar una imagen mucho más divertida de Port Douglas…

Carla & Hernán        

1 de febrero de 2011

... Australia! (primera parte)


     Quizás hayan sido los nervios del comienzo que se disiparon o, tal vez, las horas de sueño debido a la diferencia horaria con Buenos Aires que, poco a poco, fuimos recuperando pero, sin lugar a dudas, Sydney nos sentó más que bien!
     Arribamos tal cual previsto en vuelo de Qantas (para quienes sean relativos a las líneas aéreas y nunca hayan volado por ésta, sepan que tiene un servicio impresionante) y optamos por el tren (lo mas económico, obvio) para que nos acercara al centro de la ciudad. A fin de buscar alojamiento acorde a nuestro presupuesto, creímos que el barrio chino sería una buena opción y, por suerte, no nos equivocamos: no nos costó demasiado encontrar un hostel dirigido por un chino super meticuloso que tenía todo más que limpio y ordenado y controlado a través de cámaras de seguridad ubicadas estratégicamente en cada ambiente (al mejor estilo super chino de Buenos Aires). Así que, una vez acomodados en habitaciones óctuples y mixtas (a propósito, nuestros compañeros de cuarto -un asiático, un australiano, un hindú, un francés y otra persona de identidad desconocida que había montado una carpa entorno a su cama y tenía ropa de mujer debajo de ésta aunque voz masculina- fueron más que tranquilos) y motivados por el equipamiento de la cocina, fuimos de compras a una feria y compensamos a nuestros estómagos por lo mal tratados que habían sido en Auckland.
     Ahora sí, más descansados y con las panzas llenas, encaramos nuestra visita a la ciudad, en la cual se destacaron Pyrmont Bridge, The Rocks -su barrio tradicional- y, obviamente, Sydney Harbour con su Opera House (según Hernán, no se trata de una naranja abierta ni de velas al viento como dicen las guías de viajes sino que, sin lugar a dudas, se parece a la cara de Darth Vader, ya sea de frente o de perfil, según desde donde se lo mire) y su magnífico puente. Ciertamente, este rincón de la ciudad transmite una energía muy positiva y le dedicamos una buena cantidad de horas -diurnas y nocturnas-.
     Una vez recorrida en todas sus direcciones (quizás su limpieza y tecnología no nos impactó tanto ya que habíamos recién abandonado a su prolija vecina Auckland), nos embarcamos para tener una imagen de la ciudad desde otra perspectiva y nos dirigimos hacia Manly Beach, una playa que dista a 20 minutos en ferry de la ciudad. En un principio, recorrimos su playa principal con olas generosas para surfistas aunque repleta también de bluebottles (aguavivas chiquitas con filamentos larguísimos azules oscuro). A propósito, el pie de Carla, curioso por saber que pasaba si tocaba una, se enredó con un filamento, lo cual terminó en media hora de insultos. Por lo tanto, optamos por Shelley Beach,  la cual dista a 10 minutos a pie de la principal y, al encontrarse en una especie de mini-bahía, no tiene ni olas ni aguavivas, y allí pasamos el día sencillamente aunque podría haber sido a todo trapo ya que cuenta con parrillas eléctricas de acero inoxidable, mesas y sillas, bebederos de agua purificada, duchas y demás instalaciones abiertas a todo público… e impecables! En síntesis, si bien no se tratan de playas paradisíacas, sus aguas son cálidas y cristalinas y su entorno más que agradable, relajado y seguro y, considerando su cercanía a la ciudad, se convierte en una escapada envidiable (al menos para cualquier porteño).
     Sydney, cuya moneda cotiza mejor que el dólar americano y, si bien más cara que Auckland, tiene un rango de opciones de servicios mucho más amplio y sencillo de explorar por lo que nuestro presupuesto (apenas excedido) no constituyó obstáculo alguno.
     Y ya con ganas de abandonar un poquito las mega-ciudades y dedicarnos un tiempo a la relajación absoluta, encaramos nuestra partida rumbo a la costa norte del país…

Carla & Hernán        

29 de enero de 2011

... Nueva Zelanda!


     Después de varios días de vuelos repentinamente sobrevendidos, un embarque fallido y 17 horas de espera en Ezeiza, embarcamos en vuelo de Aerolíneas Argentinas rumbo directo a Auckland y, gracias a la altísima onda del personal de Aerolíneas que nos ayudó en todo momento, nos embarcaron en clase ejecutiva! Un lujo que no nos esperábamos!!
     Arribamos a Auckland por la mañana y fuimos en busca de alojamiento! Por suerte, no nos costó demasiado (tiempo aunque sí efectivo$) y terminamos en una habitación privada de un hostel ubicado a media cuadra de la calle principal y dos cuadras del puerto.
     Nuestra primera (y última) impresión de Auckland, nos remite a una ciudad linda, moderna, con un nivel de vida altísimo y natural: hay espacios verdes (y muy bien cuidados) por todos lados! Auckland apuesta al medio ambiente, lo cual se puede ver en su limpieza, reciclado de agua, taxis híbridos y reservas naturales entorno a la ciudad.
     Durante nuestra corta estadía, visitamos algunos de los puntos más importantes como el puerto y el “downtown” y su SkyTower. Asimismo nos embarcamos y pasamos el día en Rangitoto, una isla volcánica que dista a 20 minutos de la ciudad.
     Auckland nos resultó, sin lugar a dudas, una ciudad cara por lo que, tras no haber conseguido pasajes a Rotorua y quedándonos un mañana libre, improvisamos una visita al zoo de la ciudad.
     Y así dejamos atrás a Nueva Zelanda (vean las fotos del link) para embarcarnos rumbo a Australia, aunque ésta será parte de una nuevo capítulo…

Carla & Hernán        

14 de enero de 2011

...

Y para quienes aún tenían dudas, les presentamos nuestras “casitas móviles”!!

Carla & Hernán        



13 de enero de 2011

... Argentina!

A pocos días de nuestra partida, queremos decirles GRACIAS por la ayuda y el apoyo que hemos recibido por parte de Uds, madres, padres, hermanos, familiares, amigos y compañeros. Les aseguramos que ambos recordamos cada palabra de aliento, empujón, mano y soporte que hemos recibido de su parte en pos de nuestro sueño. Gracias a nuestros ahijados y sobrinos -Javi, Santi, Mili, Ana, More, Rocío y el venidero Pedro- por brindarnos tanto amor. Los queremos!!!

Carla & Hernán