Salir de Koh Tao nos resultó sencillo: nuestro alojamiento se hallaba a metros del muelle por lo llegamos caminando al mismo. Una vez allí, nos ubicamos en la cubierta del ferry y tras dos horas de viaje amenizadas gracias al espectáculo que nos brindaron unos peces saltarines, llegamos al puerto continental de Chumporn, adonde nos estaría aguardando un ómnibus que nos dejaría a la mañana siguiente en Khao San Rd., mítica calle con oferta mochilera en Bangkok. Así sucedió salvo dos “pequeños” detalles: llegamos a Bangkok a las 2 de la madrugada y nos dejaron sobre una avenida que distaba, teóricamente, a algunos kilómetros de allí. Así que dejando fluir nuestra sangre latina, a diferencia de muchos turistas que optaron por un tuk-tuk o taxi a fin de llegar a sus objetivos, iniciamos una discusión con los choferes quienes, presentimos agobiados, terminaron diciéndonos que Khao San Rd. se encontraba a pocos metros nomás. Incrédulos comenzamos a caminar y tras algunos minutos cruzando borrachos y vagabundos, llegamos a la bendita calle!
Ahora bien, más allá que buscar alojamiento durante la noche no resulta muy óptimo, se suponía que nos ahorraríamos dicho pernocte arriba del ómnibus por lo que, obstinados, decidimos improvisar una velada en un Burger King mientras aguardábamos que amaneciera, a la cual asistieron además linyeras, turistas borrachos, algún dealer y, por supuesto, empleados del local también.
Amaneció y Hernán se lanzó a la búsqueda de nuestra próxima morada aunque regresó algo desmoralizado puesto los precios de las habitaciones resultaron superiores a lo esperado. De cualquier forma, nos definimos por una que además de ajustarse a nuestro presupuesto, contaba con nuestro único requisito para los siguientes días: Internet. Sí, necesitábamos tener acceso al ciberespacio ya que Bangkok, más allá de tratarse de un destino por sí mismo, nos serviría como base para organizar nuestra visita a Myanmar. Ni bien instalados, entonces, nos dirigimos a dicha embajada a fin de gestionar su visa, trámite que sin necesidad de intermediarios resultó tan sencillo como veloz y tras apenas dos días hábiles, nos habríamos convertido en ciudadanos argentinos admitidos para ingresar a Myanmar.
Una vez resuelto dicho tema, nos dispusimos a visitar algunos de los imperdibles de Bangkok, una ciudad que nos resultó gigante y agobiante tanto por su ritmo como por su temperatura y humedad aunque inevitablemente atractiva. Así nos dirigimos al Wat Pho y, camino al mismo, volvimos a encontrarnos con la pareja de ingleses que conocimos en Lipe y reencontramos en Phi Phi y Krabi y tras algunos minutos de charla y muchas risas, seguimos nuestro trayecto arribando al complejo templario donde se haya un gigante Buda recostado cuya belleza enamoró a Carla y volvió a impactar a Hernán.
Asimismo dispusimos visitar al Gran Palacio aunque su entrada nos resultaba algo excesiva por lo que, si bien dudamos, optamos por no dejarlo fuera de nuestro programa y, gracias a Buda, aquel día elegido para visitarlo resultó feriado por lo que su entrada, gratuita. De esta forma, pudimos visualizar a la stupa más famosa de Tailandia y conocer –o re-conocer– al venerado Buda de Esmeralda (hecho de jade).
Aprovechamos para descubrir algunos otros atractivos de la ciudad tales como Wat Arun, un llamativo templo cuya imagen se halla en la moneda de 10 baths; Golden Mount, un complejo templario de significativa importancia religiosa, desde donde se obtienen vistas panorámicas de la ciudad; y, Jim Thompson House Museum, casa donde vivió este norteamericano que renunció a la CIA para radicarse en Tailandia, transformarse en empresario y llenarse de dinero importando telas asiáticas a América aunque desapareciendo misteriosamente durante un paseo por Cameron Highlands (Malasia), visitadas tiempo atrás por nosotros.
De igual forma, decidimos trasladarnos en ferry a lo largo del protagónico Chao Phraya River, desde donde obtuvimos una imagen diferente de la ciudad. Y caminamos, caminamos mucho por algunos barrios sofisticados como Siam Square y Silom y otros desaliñados como Chinatown, el cual se asemeja a un barrio de Once gigante. Además visitamos al Mercado de Chatuchak, un señor “boli-shopping” y atravesamos una y otra vez Khao San Rd. hasta convertirnos en famosos: un tumulto de personas llamó nuestra atención y averiguamos que se trataría de dos jóvenes actores tailandeses que promocionaban su película “I Love Farang” proponiendo un juego a turistas, quienes debían repetir frases en thai. Así que aprovechando la facilidad fonética de Hernán, dispusimos nuestro plan: Hernán realizaría el ridículo mientras Carla lo filmaría aunque algo falló y sin darnos cuenta nos encontrábamos ambos frente a cámaras de televisión repitiendo frases cursis en thai (Khun Suay Jung Krub = sos hermosa ó Chun Rak Tuh = te quiero). Al menos nos ganamos dos remeras…
Además Bangkok constituyó un lugar de estabilización puesto aprovechamos nuestro tiempo también para ordenar fotografías, actualizar nuestro blog, hablar frecuentemente con nuestros seres queridos, realizar algunos trámites y averiguaciones online, incluso, llevar ropa a la lavandería. Asimismo dedicamos nuestros últimos días a organizar nuestra visita a Myanmar, la cual constituye un viaje dentro del mismo viaje. De hecho, debido a la ausencia de cajeros automáticos allí, debimos abastecernos de suficientes dólares los cuales debían ser nuevos y, a su vez, debían encontrarse en perfectísimo estado (léase: sin manchas, sin marcas, sin siquiera estar doblados) puesto que, caso contrario, podían ser rechazados en Myanmar, por lo cual nos vimos obligados a emprender un tour por casas de cambio hallando a otros turistas tras mismo objetivo. Igualmente organizamos nuestras mochilas ya que, sabiendo que volveríamos a Bangkok, decidimos dejar a la guarda un bolso o, mejor dicho, uno de nuestros cubre-mochilas, repleto de cosas que no usaríamos para, de esta forma, darle unas vacaciones también a nuestras espaldas.
Y después de despedirnos de Wilson, un amigo que conocimos en Langkawi (Malasia) y nos acompañó por todas las playas, encaramos nuestro traslado al aeropuerto de Bangkok adonde aguardaríamos para abordar al vuelo que nos llevaría a un destino apenas pronosticado por nosotros que nos despierta muchísimas expectativas… sí, nos vamos a Myanmar!
Carla & Hernán