1 de mayo de 2011

... Tailandia! (octava parte)


     Dado que no hay ferries desde Hat Rin (Koh Phangan) a Koh Tao, tuvimos que contratar un minibus para que nos llevase a Thong Sala (Koh Phangan) y, desde allí, partir rumbo a nuestro siguiente objetivo. Así sucedió aunque dicho trayecto al puerto no resultó muy ameno ya que demoras y solicitudes incoherentes a cargo de un grupo de pasajeros árabes generaron violentas discusiones y crisparon al conductor, quien nos hizo sentir arriba de una montaña rusa aunque, sanos y salvos en Thong Sala, no dejó de disculparse ante nosotros a partir de un trato sumamente amable.
     Mientras aguardábamos embarcar al ferry, conocimos a un par de hermanos franceses quienes llevaban un tiempo viajando por el mundo y, próximamente, visitarían Argentina por lo que ya ubicados en la cubierta del ferry, compartimos anécdotas e intercambiamos información útil de viaje. Asimismo desde allí visualizamos a Koh Tao y, poco a poco nos acercamos, dimos cuenta que sus aguas resultarían aún más cristalinas más allá que su rústico ambiente nos resultaría acogedor, de hecho, sin haber desembarcado aún, Hernán ya estaba planteando prolongar un día nuestra estadía.
     Koh Tao o Isla Tortuga posee grandes pendientes aunque su tamaño resulta reducido por lo que puede recorrerse óptimamente a pie. De esta forma, una vez arribados al puerto en Mae Had Bay, decidimos optimizar tiempos y ahorrar algunos baths y no nos trasladamos para buscar alojamiento. Una vez asentados a pocos metros del muelle, dedicamos nuestros días a descubrir sus playas: al sur se encuentra Shark Point, una agradable bahía desde donde visualizamos una playa semi-privada ya que un complejo de hoteles y rocas dificultaban su acceso aunque no lo impedían y tras una travesía salteando piedras, logramos alcanzar y disfrutar; al este se haya Aow Luek Bay, una pequeña playa de oleaje poderoso; y, al norte paseamos por Sairee Beach, relajadamente desarrollada, ofrece amplia oferta de alojamientos y locales gastronómicos.
     Sabíamos que Tao trata del enclave submarinista donde se expiden la mayor cantidad de certificaciones de buceo anualmente y, si bien suponíamos que su oferta sería grandiosa, ya nos habíamos resignado a la idea de dejar de sumergirnos a fin de mantener nuestro presupuesto. No obstante, una noche topamos una pizarra que promocionaba “buceos por diversión” destinados a certificados y, tentadísimos por su precio, nos acercamos al día siguiente, nuestro último día en Tao y de nuestro periplo por las islas, a fin de conocer mayores detalles y, sin pensarlo demasiado, nos encontramos arriba del barco con unos trajes de neopreno calzados, aguardando para zambullirnos al agua. Muy nerviosos puesto ya habían pasado dos años desde nuestra última experiencia bajo el mar y más nerviosos aún cuando percatamos que habíamos olvidado algunas cuestiones básicas, llegamos a Shark Island, punto recomendado por nuestro guía, un inglés que había dado vuelco a su vida, y tras su orden, Carla se lanzó al furiosísimo mar que se encargó de alejarla del barco, seguidamente por Hernán y ambos, después de algunos minutos de esfuerzo, llegamos a la línea que nos permitió decender unos 20 metros, presentándose un calmo mundo submarino frente a nuestros ojos: paredes submarinas, corales blandos y duros, peces de colores tan variados como sus tamaños y una visibilidad que sorprendió incluso a nuestro guía (imágenes que, lamentablemente, sólo pudieron haber quedado guardadas en nuestras retinas ya nuestros nervios afectaron nuestra atención y olvidamos nuestra “ochentosa” cámara submarina arriba del barco). Una vez consumido nuestro tanque de oxígeno, volvimos a embarcarnos y ni bien Hernán logró reponerse de sus náuseas, disfrutamos del resto del día navegando, comiendo frutas y charlando con Rafael, un venezolano radicado en Barcelona que iba por su primera certificación de buceo. Sinceramente nos sentimos felices y convencidos que no hubiese podido haber una mejor despedida a nuestro circuito playero (por ello… gracias Caro y Juan!!).
     Ya extasiados de playas paradisíacas y atardeceres inolvidables, llegó la hora de dar una abrupta vuelta de página y comenzar un nuevo capítulo y, de esta forma, organizamos nuestro arribo y visita a la capital de Tailandia, Bangkok.

Carla & Hernán