8 de junio de 2011

... Tailandia! (décima parte)


     Mientras aguardábamos para embarcar nuestro vuelo desde Yangón a la capital tailandesa, nos reencontramos con la pareja de amigos norteamericanos que habíamos conocido en Bagán y, anecdóticamente, comentamos que solíamos –aunque particularmente Hernán– ser objeto de revisiones adicionales en los aeropuertos, afirmación que resultó siendo premonitoria ya que al llegar a Bangkok fuimos momentáneamente rechazados por el agente de migraciones a la vez que derivados al puesto de “Control de Salud”, situación que no comprendimos a primera instancia ya que nadie se había preocupado por nuestras condiciones sanitarias al ingresar dos meses atrás al país. Minutos después comprobamos que, simplemente, se dispondrían a corroborar nuestros certificados de vacunación contra fiebre amarilla, lo cual más allá de la incomodidad generada al momento de ser denegados primeramente y, por consiguiente, atraer todas las miradas de los allí presentes, no dejó de tratarse de un simple trámite.
     Ya habíamos definido que pasaríamos aquella noche en el aeropuerto, por tanto, una vez ingresados formalmente al país, montamos nuestro campamento y, a la mañana siguiente, una combinación de subte y colectivo nos permitió volver a nuestro alojamiento en Khao San Rd., donde nos reencontraríamos con nuestras pertenencias momentáneamente abandonadas. Así sucedió y tras corroborar que todo se hallaba en iguales condiciones a las originales, prosiguieron días de fiaca –mucha fiaca–, sirviendo Bangkok, una vez más, como lugar de estabilización, en efecto, aprovechamos para volver a comunicarnos con nuestros seres queridos (no nos habíamos conectado a Internet, prácticamente, durante nuestra estadía en Myanmar), ordenar fotografías, actualizar nuestro blog y llevar ropa a la lavandería.
     Asimismo decidimos visitar un mercado flotante antes de abandonar la ciudad, por tanto, nos dirigimos a Taling Chan que, si bien pequeño, nos resultó bastante auténtico y, desde ya, atractivamente colorido (subimos algunas fotos al álbum “Bangkok”).
     Aún fiacosos aunque, inevitablemente, descansados, encaramos nuestro viaje rumbo al norte de Tailandia, siendo nuestro primer destino Ayutthaya. A fin de arribar al mismo optamos, por primera vez, por un tren (si bien Tailandia posee una desarrollada red ferroviaria, siempre nos habrían resultado más convenientes los autobuses) y tras un par de horas andando, llegamos a nuestro objetivo.
     Ayutthaya resulta una isla formada gracias a la confluencia de tres ríos (Pa Sak, Lopburi y Chao Phraya) aunque, según Carla, remite más a una fortaleza y su correspondiente foso. De una u otra forma, Ayutthaya sirvió de capital del reino homónimo durante siglos (poseía límites semejantes a aquéllos de Tailandia en la actualidad) aunque terminó siendo devastada por los birmanos en el siglo XVIII. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ofrece un paisaje ribereño y montones de complejos de templos en ruinas que, gracias al alquiler de un par de bicicletas, pudimos visitar y, de esta forma, descubrir algunas maravillas increíblemente atractivas.
     Ayutthaya nos sentó muy bien: más allá de gustarnos su paisaje, nos resultó muy económica y, gracias a la existencia de dos mercados, uno diurno y otro nocturno, nos alimentamos un poco mejor aún (cantidad-precio) que durante nuestros días en Bangkok. No obstante, dos noches resultaron suficientes y, de esta forma, resolvimos nuestra partida hacia la ciudad más representativa –turísticamente hablando– del norte de Tailandia, Chiang Mai.

Carla & Hernán