18 de abril de 2011

... Tailandia! (cuarta parte)


     Dicen que a quién madruga… y llegar temprano al ferry que nos conduciría al puerto continental de Krabi nos permitió conseguir una ubicación inmejorable y disfrutar del trayecto echados en la parte delantera de la cubierta del mismo. Asimismo desde allí logramos visualizar a la pareja de supuestos ingleses que conocimos en Koh Lipe y volvimos a encontrar en Koh Phi Phi, subiendo a nuestro mismo ferry! Aunque ahora, tras seguidilla de coincidencias, no sólo compartimos bromas sino alguna que otra conversación también.
     Después de dos horas de viaje, arribamos al nuevo muelle de la ciudad, aún en construcción y, desde allí optamos por un säwngthäews (pick-up equipada con dos filas de asientos) a fin de llegar al centro de la ciudad, donde nuestra búsqueda de alojamiento resultó acotada ya que optamos por aquella primera y única opción relevada: una habitación privada de guesthouse donde nos sentimos cómodos, mas allá que no reinara el buen gusto, la cual, además, nos pareció baratísima!
     Si bien no resulta una atracción en sí misma, Krabi posee una afluencia constante de turistas debido a su posición estratégica, siendo nudo de comunicaciones entre ambas costas, la de Andamán y la del golfo. Nosotros, igualmente, quisimos quedarnos aquí y aprovechar para absorber su cotidianeidad, pasear por su costanera adornada por manglares, divertirnos en sus mercados, disfrutar de sus paisajes y visitar sus alrededores.
     A fin de alcanzar algunos puntos de interés, volvimos a alquilar una motocicleta (no importa si fuese automática o no… esta vez no tuvimos éxito al regatear su precio) y llegamos al Tiger Cave Temple, un templo budista ubicado sobre la cima de una formación rocosa, al cual Hernán logró alcanzar tras ascender 1237 escalones y altísimos escalones (mientras Carla desistió al 357 debido a un violento bajón de presión) y desde donde pudo visualizar al gran Buda y stupa dorados así como vistas de los promontorios calizos que dominan al paisaje de la costa de Andamán. Asimismo visitamos otras playas tales como Nopparat Thara y Ao Nang, las cuales no resultan muy atractivas, no obstante, se hallan altamente desarrolladas y ofrecen gran variedad de servicios así como un animado centro comercial y gastronómico.
     Otra playa que resultó objeto de nuestro interés fue Railay, incomunicada con el resto del continente debido a las paredes de rocas que la rodean, por lo que, incluso, sólo puede accederse a la misma por agua. Allí disfrutamos una jornada completa, atravesando sus complejos más o menos exclusivos (a propósito, habríamos reconfirmado que se tratara de una decisión acertada no pernoctar allí), paseando de una playa a otra, una de las cuales nos habría resultado muy atractiva si no fuese por la cantidad de rocas que alfombran su costa, lo cual genera cierto fastidio al intentar bañarse en sus aguas.
     Aunque haya sido lugar de conflicto para nuestra pareja –difícilmente saldríamos airosos del viaje, no?–, nuestro amor y ganas lograron subsanar nuestras diferencias por lo que, finalmente, nos terminamos llevando un agradable recuerdo de Krabi y, abandonando los trayectos en ferry por algún tiempo, nos preparamos para nuestra escalada por tierra al siguiente objetivo, Phuket.

Carla & Hernán