25 de abril de 2011

... Tailandia! (sexta parte)


     Amanecimos alrededor de las 7 de la mañana sin saber que se trataría de un nuevo larguísimo día de viaje: seis horas andando en minibus a fin de llegar a la ciudad de Surat Thani, dos horas de espera en una agencia de viajes, treinta minutos sobre otro minibus que nos llevó a un punto adonde completamos un registro de pasajeros y trasbordamos a un micro, otra hora andando hasta el puerto de Donsak, donde tuvimos una nueva hora de espera hasta embarcar al ferry que después de menos de dos horas, nos dejaría en Koh Samui, nuestro primer destino del golfo de Tailandia. Lo positivo? Semejantes trayectos nos permiten conocer a otros viajeros y, de esta forma, pasamos agradables ratos con Ignacio y Susana, una pareja de chilenos que realmente padecieron este periplo y, una vez arriba del ferry, disfrutamos de una extensa charla con un par de amigos italianos con quienes nos sentimos muy a gusto.
     Uf, llegamos a Samui aunque Tonsai, su puerto, no posee agradables playas por lo que una vez allí negociamos un säwngthäews junto a la pareja de chilenos y, finalmente, llegamos a aquella elegida por nosotros: Lamai Beach. Desde ya que, para dicho entonces, ya había anochecido y nosotros, una vez más, no sabíamos ni dónde estábamos parados por lo que Carla aguardó sentadita en la puerta de un FamilyMart (alternativa a la plaga de minimercados 7-Eleven que hay por Sudeste Asiático) al cuidado de nuestras mochilas mientras que Hernán se encargó de la búsqueda del alojamiento llegando a un hotel regentado por un par de señoras mayores, a quienes cayó en simpatía y, tras haber dejado atrás a la temporada alta, logró conseguir una tarifa acorde a nuestro presupuesto por más que sus comodidades superasen ampliamente nuestras expectativas: agua de cortesía, aire acondicionado, duchas con agua caliente, heladera y wi-fi gratis.
     Samui sería como una hermana menor para Phuket. Su “paisaje” incluye más de lo mismo aunque a menor escala: muchos bares, prostitutas y ladyboys, McDonalds y otras marcas de comida rápida, señores occidentales junto a jóvenes tailandesas y demás turistas.
     Si bien no son paradisíacas como algunas de las ya recorridas, sus playas ofrecen su propio encanto. Lamai fue caminada de punta a punta y, a fin de acceder al resto, optamos acertadamente, ya que se trata de la isla más grande del golfo tailandés, por alquilar una motocicleta. Así paseamos por la desarrollada Chaweng Beach donde hayamos a un artista herrero, pasamos por otras playas adonde aprovechamos para refrescarnos y Carla, por qué no, buscar alguna óptima palmera bajo la cual sestear, y llegamos hasta Mae Nam Beach, una de las playas ubicadas al norte de la isla que terminó siendo nuestra preferida gracias a su serenidad y sus vistas a Koh Phangan. Además visitamos al templo del Gran Buda, nos adentramos para ver una cascada de 80 metros de altura, recorrimos un pueblo musulmán de pescadores y conocimos a las Grandmother y Grandfather Rocks, un par de rocas famosas cuyos nombres se deducen por sus formas.
     No podemos decir que la rutina playera genere cansancio aunque sí nos lo ha provocado saltar de isla en isla tan rápidamente por lo que, una vez en Samui, decidimos prolongar una noche nuestra estadía, aprovechar su asequible oferta gastronómica y, de esta forma, reunir energías a fin de llegar a Koh Phangan, isla ubicada a pocos kilómetros al norte, dirección a la cual, por ahora, seguimos fijando nuestro rumbo.

Carla & Hernán