3 de abril de 2011

... Malasia! (última parte)


     Sí, llegamos a Pulau Langkawi, nuestro último destino en Malasia, país adonde habíamos llegado llenos de incertidumbre y de donde nos estábamos yendo colmados de agradables recuerdos. Y para darle un mejor final aún, Langkawi nos recibió a puro sol!
     Arribamos en ferry lento (aunque no tan lento como los indonesios) a Kuah, puerto libre de impuestos y, por ende, ciudad más importante debido a su actividad económica. Más allá de su magnitud, Kuah resulta agradable aunque, desde ya, nuestro interés residía en las playas de la isla, por lo que, considerando no existe transporte público que nos permitiera llegar a las mismas, sí, aunque lejos de habernos aburguesado, tomamos nuestro segundo taxi durante nuestro viaje.
     Llegamos a Cenang Beach y nuestro chofer, un atento musulmán, nos recomendó un hotel que terminaría siendo nuestro hogar en Langkawi no sin antes, porfiados debido a los habituales tongos entre taxistas y prestadores de servicios, haber realizado nuestro correspondiente relevamiento, esta vez, a cargo de Carla, y comprobado que se trataba de la elección acertada: una habitación privada que superaba nuestras expectativas contando con aire acondicionado, agua caliente de filtro, televisión con dos canales malayos (a propósito… qué novelas!) y heladera, la cual nos permitió abastecernos de cervezas (no hay que olvidar que, siendo una isla libre de impuestos, nos resultaban una bicoca!).
     Si bien no corresponden al prototipo paradisíaco, las playas de Langkawi tienen su propio encanto. Sus aguas son cálidas (poseen, según Carla, una temperatura perfecta) y sus playas extensas, por lo que hemos caminado varios kilómetros recorriéndolas. Asimismo sus hipnotizantes atardeceres vuelven todo entre rosado y anaranjado… un color que jamás logramos definir.
     Dado que se trata de uno de los destinos turísticos malayos por excelencia, Langkawi y, particularmente, Cenang Beach, ofrece gran número de actividades organizadas, destacándose los viajes en parasailing. Al respecto, son varios los jóvenes malayos que ofrecen esta experiencia de sobrevuelo aunque, uno de ellos, contaba con un equipo de paracaídas que doblaba en altura al resto… por lo que, como fuera de suponerse, Hernán no quiso otro más que éste… Y levantó vuelo nomás!
     A fin de dar vuelta a la isla, una vez más, alquilamos una moto (a propósito, descubrimos que no son del agrado de los turistas aquéllas con cambios por lo que, a partir de ahora, serán nuestro objeto de regateo) y descubrimos otro puerto además de áreas protegidas y playas más exclusivas.
     Así transcurrieron nuestros días de playa en Langkawi acompañados por, salvo un par de insignificantes chaparrones, un clima alucinante, donde tampoco faltaron las siestas de Carla como algún partido de fútbol de Hernán entre musulmanes, reñidos juegos de chin-chon entre cervezas y una paliza al truco que Hernán recibiera con la “dura pena” de pegarse un chapuzón al atardecer.
     Ahora sí, nuestro periplo malayo había terminado y listos para nuestro siguiente destino, el cual implicaría un cambio de país, por cierto, el sexto de nuestro itinerario y, como siempre movilizador, una nueva adaptación.

Carla & Hernán