7 de abril de 2011

... Tailandia! (primera parte)


     A fin de arribar a nuestro siguiente destino y primero en Tailandia, partimos desde Langkawi, donde pasamos sin ningún contratiempo por migraciones malayas, rumbo a Satun, puerto continental donde ingresamos formalmente al territorio tailandés. Allí aguardamos unas tres horas y, finalmente, embarcamos al ferry que nos dejaría en Koh Lipe adonde, desde ya, podríamos haber llegado directamente desde Langkawi pero, como fuera de suponerse, nuestra elección volvió a ser aquella más económica.
     Lipe es una de las islas que forman parte del Parque Nacional Marino Koh Tarutao y una de las pocas que tiene permitido albergar turistas. Su infraestructura se encuentra en plena etapa de desarrollo y, por suerte, no posee muelle aún, por tanto, ni bien arribados tuvimos que saltar –literalmente– del ferry a un long-tail boat (bote típico tailandés) que nos dejaría en nuestra playa elegida pero… adónde habíamos decidido alojarnos? Digamos que llegamos a Lipe con poca información previa, por lo que dejándonos llevar aquí más que nunca por la corriente, seguimos la recomendación de una pareja de –creemos– ingleses y terminamos en Sunset Beach, quizás la menos desarrollada de las tres playas principales, junto a Pattaya y Sunrise, que existen en la isla. Una vez allí, conseguir alojamiento no fue difícil puesto había una única opción: un complejo llamado Porn Resort (padres, quedarse tranquilos que no hacía honor a su nombre) compuesto por básicos bungalows con paredes de bambú y equipados con una cama con mosquitero, un ventilador, ducha con agua fría y, al menos nuestra choza, incluía dos temibles guardias de seguridad también…
     Decir que Lipe es hermosa no alcanza: finas arenas blancas bañadas por un mar turquesa repleto de corales y tan transparente que por más profundo uno se encuentre, nunca deja de visualizar al fondo como a través de un vidrio.
     Originalmente esta isla se encontraba habitada por una comunidad aborigen que aún persiste, a la cual le han ido comprando paulatinamente sus tierras costeras desplazándola, de esta forma, al centro de la isla, en efecto, a fin de llegar desde nuestro alojamiento a la calle comercial o, incluso, a otras playas de la isla, debíamos atravesar sus viviendas, lo cual no generaba incomodidad alguna ya que, salvo por algún niño más curioso que otro, los chow lair villagers ignoran, prácticamente, a los turistas. Así transcurrió nuestra estadía, la cual decidimos extender un día (aunque hubiese sido un mes más por Hernán), explorando sus costas y contemplando sus atardeceres.
     De cualquier forma, no todo lo que brilla es oro y Lipe no tiene control sobre la basura que genera, en efecto, la notoria ausencia de políticas así como la falta de conciencia medioambiental de sus habitantes, convierte a varias áreas de la isla en improvisados basureros, por lo que no nos habría resultado tampoco extraño encontrarnos con cucarachas prehistóricas por las noches.
     Y cómo siguió el clima? Fantástico: las lluvias habían abandonado a la isla dos días antes de nuestro arribo sin ningún tipo de retorno inesperado. Justamente quizás al tiempo que nos antecedió, escasearon los turistas en Lipe por lo que, de alguna forma, sentimos que teníamos a la isla para nosotros solos… Aunque nuestra idílica estancia debió culminar y ajustando nuestra brújula, nos embarcamos hacia nuestra próxima parada: Koh Lanta.

Carla & Hernán