21 de abril de 2011

... Tailandia! (quinta parte)


     No sabemos si será porque, poco a poco, vamos asimilando dinámicas locales o porque nuestros ritmos se van aletargando pero, de una u otra o ambas formas, llegar a Phuket nos resultó bastante relajado! Salimos del guesthouse y aguardamos un säwngthäews al cual solicitamos, así como si fuese un taxi, nos condujera a la terminal de ómnibus de la ciudad. Una vez allí adquirimos con apenas veinte minutos de antelación, nuestros pasajes de minibus a Phuket Town, llegando según planeado a su terminal de ómnibus desde donde iniciamos una caminata de diez minutos hasta la terminal de buses locales y, sin inconveniente alguno, hallamos al colectivo que nos dejaría finalmente en Patong Beach. Si bien cansador, sí, al igual que cualquier otro traslado, resultó muy gratificante haber ahorrado dinero tras arreglárnosla por sí solos.
     Una vez en Patong Beach, nos dispusimos a ubicar un lugar adonde dormir… Sabíamos que Phuket Town nos habría ofrecido alternativas más económicas aunque, por un lado, consideramos que no tenía mucho sentido alojarnos lejos de la playa y, por otro lado, jamás imaginamos que Patong Beach nos resultaría tan cara! Así que después de un largo rastreo a cargo de Carla, optamos por un hotel cuyos servicios (incluyendo un frigobar que nos permitió stockearnos de cervezas) justificaban su tarifa.
     Sin lugar a dudas, Patong Beach no nos sorprendió puesto sabíamos adonde íbamos aunque, desde ya, tampoco nos impactó muy positivamente: sus playas bañadas por un mar agitado se encuentran atestadas de turistas que reposan sobre alguna de las muchísimas reposeras distribuidas a lo largo de la playa para, posteriormente, deambular por su desarrolladísimo centro, donde resulta más sencillo conseguir un Big Mac que un arroz frito, mientras no dejan de visualizarse señores mostrándose junto a alguna acompañante tailandesa a la cual, por lo general, suelen doblar en edad y triplicar en peso. Asimismo no resulta extraño cruzarse, de vez en cuando, con algún mendigo, personaje que al momento no había ingresado en escena.
     Al llegar la noche, se adhieren a la agitada rutina de Patong, un gran número de bares, según Hernán para todos los gustos aunque según Carla sólo para hombres, muchos animados por chicas que bailan, algunos pocos aptos para todo público donde pueden presentarse bandas de música en vivo y otros lúgubres donde simplemente emborracharse. Además aparecen chicas y ladyboys y más ladyboys que ofrecen sus servicios a los occidentales que a su búsqueda salen. Nosotros, desde ya, no quisimos perdernos semejante espectáculo de varietés y salimos a tomar algo aunque nuestra noche, que había comenzado con algunas cuantas cervezas en el hotel, no resultó maratónica y culminó a las pocas horas después.
     Quisimos llevarnos otra impresión de Phuket y tratándose de la isla de mayor tamaño de Tailandia, alquilamos una motocicleta y conocimos otras playas tales como Kata y Karon que, si bien desarrolladas, resultan mucho más exclusivas, y Surin, adorable playa de aguas cristalinas que, desde ya, no desaprovechamos. Alejándonos de la costa, nuestro hambre ya podía oírse –al igual que verse Carla con su consecuente malhumor–, por lo que optamos por un puesto callejero donde devoramos unos exquisitos salteados de arroz preparados por una simpatiquísima señora quien, adicionalmente, nos agasajó con unas deliciosas sopas. Ya con nuestros corazones contentos, visitamos al Wat Phra Thong, templo budista que alberga una figura de Buda semi-enterrada ya que, según dice su leyenda, todas aquellas personas que intentaron excavarla, sucumbieron al poco tiempo. Por su parte, debido a la presencia de acantilados, Phuket posee varios miradores naturales por lo que, finalmente, nos dirigimos a un par de ellos desde donde obtuvimos bonitas vistas; asimismo nos hubiera gustado ascender a otro punto panorámico coronado por un Buda blanco gigante, lo cual nos resultó lamentablemente imposible ya que nos vimos acorralados por ambas inminentes noche y deshidratación de nuestra temporal “poderosa”.
     Así nos despedimos no sólo de Phuket sino, también, de la bella costa de Andamán, llevándonos inolvidables recuerdos y un lindo bronceado, a fin de inmergirnos en el golfo de Tailandia donde intentaremos explorar algunas de sus islas, siendo la primera de las mismas Koh Samui.

Carla & Hernán