28 de abril de 2011

... Tailandia! (séptima parte)


     Durante nuestro recorrido motorizado por Samui, identificamos dos posibles puertos de salida a Koh Phangan: desde Tonsai arribaríamos a Thong Sala, principal puerto de la isla, y desde Bo Phut Beach, a Hat Rin que, si bien no se trataría de la playa más espectacular, resultaba una alternativa adonde pasar nuestros próximos días. De esta forma, arreglamos que un säwngthäews nos recogiera y llevara al muelle, donde obtuvimos nuestros pasajes de ferry y sin trastorno alguno, nos dispusimos a disfrutar del trayecto desde su cubierta donde, a propósito, conocimos a una simpatiquísima pareja suizo-italiana que visitaba por cuarta vez esta isla y, a su vez, tenía intenciones de visitar Sudamérica por lo que intercambiando recomendaciones, nuestro viaje fluyó y sin darnos cuenta, ya habíamos arribado al muelle de Hat Rin.
     Se trata de una pequeña península donde se diferencian dos playas: por un lado, Sunset Beach que alberga al muelle y playas no muy agradables y, por otro lado, Sunrise Beach, donde tiene lugar una de las mayores fiestas en la playa del mundo, Full Moon Party, en la cual la música, el alcohol y el flúor nunca faltan. Desde ya que semejante negocio dio lugar a otros tales como Half Moon Party o Black Moon Party aunque, sin lugar a dudas, ninguna atrae a tantos miles de visitantes como aquella primera que posee un calendario previsto para cada año.
     Sin haberlo previsto, afortunadamente, nuestro arribo a Phangan no coincidió con ninguna fiesta por lo que sólo había algunos pocos turistas en Hat Rin, mucho de los cuales resultaron israelíes, en efecto, jamás supusimos semejante oferta gastronómica israelita así como música judía ambientando restaurantes u otros espacios comunes. Sabíamos, entonces, que podíamos conseguir una óptima tarifa de alojamiento aunque jamás imaginamos que motivados por simple curiosidad llegaríamos a un complejo y tras una larga disputa por su precio, terminásemos abonando menos que nunca antes por un moderno hotel cuyo mayor atributo fue, sin lugar a dudas, su piscina.
     Con relación a sus playas, Sunrise Beach, particularmente, nos habría sorprendido ya que lejos de guardar similitudes con su vecina Koh Samui como habríamos supuesto, sus arenas son finas y sus aguas más cristalinas. Asimismo tuvimos intenciones de conocer otras playas, de hecho, teníamos muy buenas referencias de aquellas ubicadas al norte de Phangan aunque debíamos alquilar una motocicleta y nos encontrábamos algo fiacosos para ello por lo que, sumando otras cuestiones (rutas destruidas, rumores sobre policías que intentan obtener ventajas de turistas, gasolina más cara que nunca y exigencia de dejar nuestros pasaportes a modo de garantía), nos sentimos avanzados por estas condiciones y permitimos que éstas tomaran la decisión por nosotros.
     Alternando playa y piscina, entonces, pasaron nuestros días asemejándonos a turistas de vacaciones más que sátrapas sin más ropa limpia para ponerse. Asimismo festejamos nuestro tercer mes de viaje. Y mentalizándonos que resta poco a nuestra travesía playera, cargamos nuestras mochilas para dirigirnos y disfrutar de Koh Tao, nuestra última isla del paradisíaco sur tailandés.

Carla & Hernán