28 de noviembre de 2011

... Nepal! (primera parte)


Abandonar China a través del único puesto migratorio de Tíbet no supuso ningún nerviosismo aunque sí implicó algunas novedades, primeramente, nuestra guía que nos acompañó y, una vez más, mostró nuestros permisos; asimismo nos asesoró y, gracias a ello, negamos poseer una guía de viajes de China al agente migratorio que, incoherentemente, nos la habría retenido.
Ya desde Zangmu, las imágenes a la frontera nepalí nos resultaban sumamente contrastantes y significativamente más evidentes apenas cruzamos al Puente de la Amistad y arribamos a la ciudad de Kodari: animales sueltos que andaban por todos lados, casas de chapa, gente sin zapatos y, sí, mugre, mucha mugre.
Obtener nuestra visa on-arrival, por su parte, no nos resultó más ordenado, de hecho, una vez que hallamos a la austera oficina sponsoreada por Pepsi (?), completamos unos formularios y un agente pegó nuestras visas a nuestros pasaportes aunque, una vez reintegrados a nosotros, descubrimos que la información de Hernán, su número de pasaporte, resultaba incorrecta, lo cual solucionaron muy simplemente: tachadura y sobre-escritura; posteriormente ingresamos a la oficina del simpático supervisor quien agregó un par de mamarrachos más al pasaporte de Hernán y admitió nuestro ingreso a Nepal, asimismo, nos asesoró acerca del ómnibus que nos trasladaría a Kathmandú, en efecto, a las dos horas partiríamos rumbo a la capital del país abordo de un ómnibus tan caótico como todo lo demás que nos rodeaba; aunque también divertido gracias a nuestros jóvenes conductor y ayudante que se encargaron de musicalizar nuestras horas de viaje así como a montones de policías que ascendieron a lo largo del camino, realizaban sus controles y solicitaban a los muchachos del techo a que descendieran del mismo aunque éstos volverían a subirse dos kilómetros más adelante.
Ya sea por la cantidad de interrupciones (a los controles se agrega gente que ascendía y descendía del ómnibus) como por las condiciones de la ruta (un angosto camino de ripio, zigzagueante debido a la presencia de montañas) arribamos a Kathmandú (que distaba a 120 kilómetros de Kodari) a las siete horas de viaje. Ya había anochecido por lo que nosotros, sin guía de viajes ni mapa de la ciudad, optamos por un taxi (cuya tarifa resolvió –a favor nuestro– un policía que intermedió sin que nadie lo invitara a la negociación) y, siguiendo una recomendación, nos dirigimos al área de Paknajol adonde nos alojaríamos y nos reencontraríamos a la ducha de agua caliente que no veíamos desde Beijing.
Y así sucedió un primer día que, por más caótico que nos haya resultado, nos generó una energía muy positiva que antecedería momentos impensados por nosotros, de hecho, quisimos tramitar nuestra visa de India, por consiguiente, nos dirigimos a su embajada en Kathmandú adonde no seríamos los únicos argentinos.
Año 2009; la mamá de Hernán, Cristina, le regaló para su cumpleaños #32 un libro titulado “Atrapa Tu Sueño” que relata la historia de una pareja de argentinos que viajó desde Argentina a Alaska abordo de un auto antiguo, un Graham del año 1928; un regalo muy significativo ya que nosotros nos encontrábamos persiguiendo nuestro sueño; supimos, posteriormente, que aquella pareja de argentinos, después de doce años desde su primera travesía, seguía viajando, ahora junto a sus hijos, abordo del mismo auto alrededor del mundo aunque jamás imaginamos que nuestros destinos pudieran cruzarse, de hecho, mientras aguardábamos nuestro turno para tramitar la visa de India, conocimos a la familia Zapp y nos sentimos apoderados por un montón de sensaciones.
Aún no habíamos salido del asombro cuando nos invitaron a su alojamiento donde compartimos una tarde a pura conversación y, al día siguiente, paseamos por Kathmandú, nos invitaron a tomar mate con galletas con dulce de leche a su alojamiento donde, asimismo, nos propusieron –y nosotros aceptamos– subirnos a su Graham por unos días, de esta forma, después de una sesión a través de las calles de Kathmandú donde actuamos de doble –Carla– y fotógrafo –Hernán–, iniciamos nuestro paseo junto a la “familia del libro abordo del auto del libro”. Ir arriba del Graham, descubrimos, tiene sus implicancias, por un lado, un ritmo muy tranquilo debido a la velocidad del auto que, a su vez, genera un exceso de miradas aunque, para nosotros, no dejó de tratarse de una aventura muy divertida, de hecho, imposible que nos resultara otra cosa cuando viajábamos rodeados por Pampa (9), Tehue (6), Paloma (4) y Walabi (2) Zapp.     
Al atardecer, Herman Zapp propuso que acampáramos, por tanto, nos detuvimos a unos metros de un arroyo y dio paso a la magia: la parte trasera del Graham pasó a ser una cocina donde Candelaria Zapp preparó unos spaghetti, su techo se alzó y pasó a ser una habitación donde dormiríamos nosotros junto a los dos niños más grandes mientras que sus asientos se acomodaron como una cama gigante para los demás integrantes de la familia Zapp.
Al otro día, después de desayunar mate y panqueques de banana, regresamos a la ruta; anduvimos al mismo ritmo aunque más tiempo; nos detuvimos ante una “telejaula” (un teleférico con aspecto de jaula) y seguimos andando al desvío que nos interesaba adonde nos aguardaba un camino ascendente, tan ascendente que necesitamos darle una ayudita al Graham que Hernán utilizó como excusa para seguir andando arriba de su estribo; sus vistas, por su parte, nos resultaron majestuosas al igual que nuestro destino, Bandipur, que nos enamoró a todos gracias a su arquitectura, su ausencia de motores y, por supuesto, sus montañas.
A la hora de hospedarnos, optamos por un alojamiento distinto al de los Zapp, sin embargo, no dejamos de vernos ni un solo día para compartir comidas (algunas argentinas como, por ejemplo, papa y huevo duro, y otras nepalíes), festejos (nuestro cumple mes de viaje #10 y el cumple #4 de Paloma que lo tuvo todo –disfraces, globos, regalos, torta y velitas–) y paseos (Hernán, Herman, Pampa y Tehue se dedicaron al montañismo mientras que Carla, Candelaria, Paloma y Walabi visitaron una feria atiborrada de jóvenes).
A los Zapp nos sentimos agradecidos porque nos abrieron sus puertas a su familia, porque nos permitieron reencontrarnos al mate y otras costumbres argentinas. Y si hablamos de argentinos, imposible que dejemos de relatar nuestra última noche en Bandipur donde, sorprendentemente, nos encontramos un grupo de cinco matrimonios que nos invitaron una cena y nos regalaron un momento inolvidable que recargó, más aún, nuestras energías.
Y llegó la despedida: Herman Zapp retornaría a Kathmandú para recoger sus visas para India e, inmediatamente después, retornaría a Bandipur adonde lo aguardaría su familia; mientras que nosotros también retornaríamos a Kathmandú aunque, desde allí, nos dirigiríamos al punto de partida del trekking que elegimos y que, quizás, debido a sus raíces de niño explorador, despierta tanta pero tanta ansiedad a Hernán… y tantas preguntas acerca de su resistencia a Carla.

Carla & Hernán