Una minivan nos recogió por nuestro
alojamiento y trasladó al puerto donde abordaríamos nuestra embarcación, un
bote de grandes dimensiones ocupado totalmente por turistas, cuyo techo había
sido habilitado como terraza adonde uno podía –siempre y cuando tolerase al
sol– echarse y disfrutar desde allí al paisaje.
Aquel trayecto que duró unas seis horas,
podría ser dividido en cuatro etapas: una primera, muy entretenida, a lo largo
de la cual transitamos ríos cuyos márgenes estaban ocupados por viviendas; una
segunda, un poco aburrida, sucedió mientras internados en el Tonle Sap, el lago
más grande de Cambodia que, durante la época de lluvias, es decir, al momento
de nuestra visita, cuadriplica su superficie (de los 3,000 km2 a los 13,000 km2), podíamos
únicamente observar agua amarronada alrededor y más allá nuestro; una tercera,
la más interesante de todas, transcurrió cuando nuestro bote se adentró
nuevamente al río y nos permitió acercarnos a miles de persones cuyas vidas
dependen del mismo e, incluso, almorzar en uno de los tantos “restaurantes”
sobre pilotes que allí se encuentran; y, finalmente, una última etapa se
desarrolló mientras navegamos a lo largo de angostos y zigzagueantes canales
rodeados de arrozales que nos condujeron, por último, al puerto de Battambang.
A lo largo de aquella travesía, tuvimos la
oportunidad de conocer a Rafael, un catalán con quien compartimos extensas
charlas, y Sophie, una joven francesa que acababa de terminar una experiencia
laboral en Australia. Juntos nos dirigimos al centro de la ciudad y optamos por
un mismo alojamiento donde hospedarnos y, posteriormente, nos acercamos a Phare
Ponleu Selpak, una organización no gubernamental que ofrece un espectáculo
circense que, realmente, nos sorprendió.
Siendo una de las principales ciudades de
Cambodia, Battambang posee una amplia oferta de mercados y servicios y,
asimismo, alberga al Consulado de Vietnam, que aprovechamos, acertadamente,
para gestionar nuestro siguiente visado.
Ahora bien, obviando al vestigio europeo a
través de sus edificaciones coloniales que, sinceramente, no atrajeron nuestra
atención, la mayor parte de los atractivos turísticos se hallan alrededor de la
ciudad, por tal motivo, optamos que un tuk-tuk sea nuestro medio de transporte
a lo largo del día de visitas que compartimos, nuevamente, junto a Sophie y
Rafael.
De esta forma, nuestra primera parada se
trató del tren de bambú, medio de transporte para camboyanos o atracción para
turistas, sus “vagones” son plataformas de bambú propulsadas por motores de
poca cilindrada, las cuales resultan necesariamente desmontables al transitar
una única vía para ambos sentidos aunque, no obstante, logran alcanzar
considerables velocidades, acentuando, más aún, las imperfecciones de los rieles,
dando como resultado una divertida experiencia, la cual culminó en una fábrica
de ladrillos donde utilizan a la cáscara del arroz para su cocción.
Un paso relativamente fugaz por un viñedo
y, posteriormente, nos dirigimos al Banan, un deteriorado aunque atractivo
templo. Por último, ascendimos al Phnom Sampov, un templo ubicado sobre una
colina desde donde disfrutamos de vistas panorámicas y, seguidamente, accedimos
a una cueva donde tuvimos una primera aproximación a la masacre perpetrada por los
Jemeres Rojos. Una última cueva nos restaba visitar y, de regreso al centro de
la ciudad, visualizamos un Buda gigante tallado en piedra y, junto a éste, una
cavidad que alberga millones de murciélagos que salen todos los días,
puntualmente, a las seis de la tarde, constituyendo un llamativo fenómeno que,
si hubiese sido por Hernán, habría presenciado por completo –téngase en cuenta
que, debido a la cantidad de murciélagos, éstos demoran dos horas en salir de
la cueva– si no hubiese sido por la –afortunada para Carla– presencia de
nuestros compañeros de grupo.
Después de despedirnos de Sophie, quien
permanecería en Battambang, y Rafael, quien se dirigiría rumbo a la capital del
país, nos preparamos para dirigirnos a Pursat, una ciudad que nos permitiría
acceder nuevamente al Tonle Sap donde, durante la estación húmeda, sucede un
singular fenómeno.
Carla
& Hernán
