20 de julio de 2011

... Cambodia! (segunda parte)


Una minivan nos recogió por nuestro alojamiento y trasladó al puerto donde abordaríamos nuestra embarcación, un bote de grandes dimensiones ocupado totalmente por turistas, cuyo techo había sido habilitado como terraza adonde uno podía –siempre y cuando tolerase al sol– echarse y disfrutar desde allí al paisaje.  
Aquel trayecto que duró unas seis horas, podría ser dividido en cuatro etapas: una primera, muy entretenida, a lo largo de la cual transitamos ríos cuyos márgenes estaban ocupados por viviendas; una segunda, un poco aburrida, sucedió mientras internados en el Tonle Sap, el lago más grande de Cambodia que, durante la época de lluvias, es decir, al momento de nuestra visita, cuadriplica su superficie (de los 3,000 km2 a los 13,000 km2), podíamos únicamente observar agua amarronada alrededor y más allá nuestro; una tercera, la más interesante de todas, transcurrió cuando nuestro bote se adentró nuevamente al río y nos permitió acercarnos a miles de persones cuyas vidas dependen del mismo e, incluso, almorzar en uno de los tantos “restaurantes” sobre pilotes que allí se encuentran; y, finalmente, una última etapa se desarrolló mientras navegamos a lo largo de angostos y zigzagueantes canales rodeados de arrozales que nos condujeron, por último, al puerto de Battambang.
A lo largo de aquella travesía, tuvimos la oportunidad de conocer a Rafael, un catalán con quien compartimos extensas charlas, y Sophie, una joven francesa que acababa de terminar una experiencia laboral en Australia. Juntos nos dirigimos al centro de la ciudad y optamos por un mismo alojamiento donde hospedarnos y, posteriormente, nos acercamos a Phare Ponleu Selpak, una organización no gubernamental que ofrece un espectáculo circense que, realmente, nos sorprendió.
Siendo una de las principales ciudades de Cambodia, Battambang posee una amplia oferta de mercados y servicios y, asimismo, alberga al Consulado de Vietnam, que aprovechamos, acertadamente, para gestionar nuestro siguiente visado.
Ahora bien, obviando al vestigio europeo a través de sus edificaciones coloniales que, sinceramente, no atrajeron nuestra atención, la mayor parte de los atractivos turísticos se hallan alrededor de la ciudad, por tal motivo, optamos que un tuk-tuk sea nuestro medio de transporte a lo largo del día de visitas que compartimos, nuevamente, junto a Sophie y Rafael.
De esta forma, nuestra primera parada se trató del tren de bambú, medio de transporte para camboyanos o atracción para turistas, sus “vagones” son plataformas de bambú propulsadas por motores de poca cilindrada, las cuales resultan necesariamente desmontables al transitar una única vía para ambos sentidos aunque, no obstante, logran alcanzar considerables velocidades, acentuando, más aún, las imperfecciones de los rieles, dando como resultado una divertida experiencia, la cual culminó en una fábrica de ladrillos donde utilizan a la cáscara del arroz para su cocción.
Un paso relativamente fugaz por un viñedo y, posteriormente, nos dirigimos al Banan, un deteriorado aunque atractivo templo. Por último, ascendimos al Phnom Sampov, un templo ubicado sobre una colina desde donde disfrutamos de vistas panorámicas y, seguidamente, accedimos a una cueva donde tuvimos una primera aproximación a la masacre perpetrada por los Jemeres Rojos. Una última cueva nos restaba visitar y, de regreso al centro de la ciudad, visualizamos un Buda gigante tallado en piedra y, junto a éste, una cavidad que alberga millones de murciélagos que salen todos los días, puntualmente, a las seis de la tarde, constituyendo un llamativo fenómeno que, si hubiese sido por Hernán, habría presenciado por completo –téngase en cuenta que, debido a la cantidad de murciélagos, éstos demoran dos horas en salir de la cueva– si no hubiese sido por la –afortunada para Carla– presencia de nuestros compañeros de grupo.
Después de despedirnos de Sophie, quien permanecería en Battambang, y Rafael, quien se dirigiría rumbo a la capital del país, nos preparamos para dirigirnos a Pursat, una ciudad que nos permitiría acceder nuevamente al Tonle Sap donde, durante la estación húmeda, sucede un singular fenómeno.

Carla & Hernán