Un viaje de cuatro horas en ómnibus nos
depararía antes de llegar a Sihanouk Ville, donde, una vez arribados, optamos
por dos moto-taxis para que nos condujeran a Ochheuteal Beach, una de las cinco
playas que forman parte del área. Desde ya que nuestros conductores ignoraron
nuestro pedido y decidieron depositarnos en el lobby de uno de los hoteles
donde poseían comisión y, dado que aquel no resultó de nuestro agradó, Hernán
salió a la búsqueda de alojamiento, hallando uno ubicado a unos 200 metros del
anterior y unos 300 metros de la playa.
Ochheuteal Beach nos gustó mucho: sus
playas son amplias y limpias y su oferta de servicios muy completa. Sin
embargo, nuestra estadía no resultó idílica ya que, lamentablemente, no hubo ni
un solo día de sol: las nubes, las lluvias tropicales y los vientos alternaron
su protagonismo, no obstante, no lograron desanimarnos para pasear y, cuando
fuese necesario –o no– acompañar nuestros resguardos con cervezas y comida…
comida! Aquí nos reencontramos con nuestras incipientes panzas ya que
aprovechamos para degustar algunas especialidades playeras como aquellos, ya
sean asiáticos u occidentales, aunque siempre gigantescos platos que nos
preparaba Rose, una camboyana que poseía un restaurante justo al lado de
nuestro alojamiento.
Igualmente no todo resultó “comida” ya
que, una noche, quisimos probar nuestra suerte en “Fortuna”, uno de los casinos
de Sihanouk Ville. Así ingresamos y, orgullosos de nuestro presupuesto (diez
dólares), visualizamos nuestro objetivo, una máquina tragamonedas cuyas
apuestas equivalían a diez centavos de dólar e, ignorando al europeo que,
sentado junto a nosotros, trababa su máquina con escarbadientes para limitarse
a introducir billetes de cien dólares cuando fuese necesario, comenzamos a jugar
y, al cabo de unos minutos, nuestra máquina nos regaló montones y montones de
monedas virtuales que sumaron un total de treinta dólares. Así que felizmente
nos retiramos y dirigimos, posteriormente, a disfrutar del premio, claro está,
en el restaurante de Rose!!!
De esta forma, no sólo transcurrieron
nuestros días de playa sino, también, nuestros últimos días en Cambodia. Ahora
nos preparábamos para dirigirnos a la República Democrática de Vietnam, país
que despierta grandes expectativas y que marcará el fin de nuestro paso por
Sudeste Asiático.
Carla
& Hernán