9 de agosto de 2011

... Vietnam! (cuarta parte)


Si tuviéramos que elegir un traslado que representase al modelo sudeste asiático, sin lugar a dudas, nos inclinaríamos por aquel que nos permitió arribar a la ciudad de Nha Trang: una minivan nos recogió por nuestro alojamiento y se dirigió a la terminal de ómnibus de la ciudad, ubicada unos dos kilómetros a las afueras, nos indicaron que ingresásemos y sin siquiera darnos cuenta ya estábamos siguiendo a otro personaje que nos invitó a salir de la terminal por otra puerta para subirnos a otro vehículo, una especie de mini-bimboneta que, a su vez, nos condujo al centro de la ciudad, más precisamente, a unas cuadras de nuestro alojamiento, adonde trasbordamos a otra minivan que sería, finalmente, nuestro medio de transporte a la ciudad de Nha Trang.
Unas pocas horas nos separaban de nuestro destino y, una vez arribados a la terminal de ómnibus del mismo, resolvimos que sean dos moto-taxis aquellas que nos trasladaran al área playera adonde nos hospedaríamos; mientras Hernán salió a la búsqueda de alojamiento, Carla quedó a cargo del equipaje por lo que, sin demasiadas alternativas, debió soportar a algunos cancheros easy-riders que se acercaban a fin de ofrecerle sus servicios.
Nha Trang lo tuvo todo: sus playas son hermosas y sus aguas azules son cálidas, su paisaje se encuentra, además, dominado por islotes de diversas dimensiones (uno de los cuales se utilizó como base de operaciones del ejército de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam) que le otorgan un extra de encanto, y su clima, simplemente, resultó inmejorable; atributos que nos permitieron disfrutar aquellos días igual que tiempo atrás: amanecíamos temprano y nos dirigíamos a la playa, elegíamos una palmera y debajo de aquella desayunábamos y disfrutábamos de la mañana, después almorzábamos en algún restaurantito del área y nos dirigíamos al hotel a fin de protegernos del sol, donde aprovechábamos para dormir una siestita antes de retornar a la playa para seguir disfrutando de la misma ahora, en compañía de montones de vietnamitas quienes arribaban al atardecer y, aprovechando un sistema de iluminación instalado a lo largo de toda la costa, quedaban hasta el anochecer.
No teníamos posibilidad de extender nuestra estadía en Nha Trang puesto nuestro visado nos resultaría exacto para visitar lo que deseábamos, por consiguiente, resignándonos a la cuota de energía solar absorbida, definimos nuestra partida rumbo a Hoi An donde, sin saberlo, íbamos a tener que trabajar más de lo habitual.

Carla & Hernán