2 de agosto de 2011

... Vietnam! (primera parte)


Dado que no nos permitieron abandonar más tarde nuestra habitación, optamos al restaurante de Rose como punto de recogida de nuestro ómnibus a Phom Penh. Una vez más, habíamos contratado un servicio cama aunque, para nuestra sorpresa, más que camas resultaron sarcófagos, en efecto, se trataron de diminutas cuchetas sin ventanas a sus costados, cuyas estructuras metálicas crujían ante cualquier mínimo movimiento del vehículo, generando una sensación de inseguridad que nos obligaba a verificar si resultarían suficientemente firmes.
Arribados a Phom Penh, ascendimos al siguiente ómnibus, aquel que nos trasladaría finalmente a la ciudad de Ho Chi Minh, el cual se habría tratado de un vehículo “normal” si no hubiese sido por la diferencia de espacio entre sus asientos y sus ventanillas que, hallándose algunas completamente astilladas, habían sido revestidas con papel adherente.
Aquel viaje nocturno sucedió sin inconvenientes y, a la mañana siguiente, arribamos al puesto fronterizo a través del cual, sin sorpresas ni retrasos, salvo aquel incurrido cuando examinaron doblemente a Hernán al pasar por los controles aduaneros, ingresamos formalmente a Vietnam.
Aún restaban algunas horas de viaje y, al llegar a la ciudad de Ho Chi Minh, nuestro ómnibus no se dirigió a ninguna terminal sino que nos depositó en pleno centro de la ciudad, desde donde Carla inició una búsqueda de alojamiento que, si bien algo dificultosa debido a los precios que nos ofrecían, finalizó ni bien halló uno acorde a nuestro presupuesto.
Ho Chi Minh nos pareció agradablemente caótica: más allá de aquellos elementos comúnmente presentes en otras ciudades de Sudeste Asiático, tales como vecinos despreocupados sentados en las veredas, basura acumulada en las esquinas y puestos de vendedores por doquier, jamás vimos tantas pero tantas motocicletas juntas que, incluso, llegaban a formar atascamientos por kilómetros a las horas de mayor tráfico.
De cualquier forma, no todo nos resultó desorden ya que Ho Chi Minh ofrece también áreas más sofisticadas, dominadas por rascacielos súper modernos, donde se pueden encontrar ejecutivos paseando en autos importados y negocios de marcas occidentales de primerísima línea.
Uno de los íconos más importantes de la ciudad resulta el Museo de la Guerra por lo que, lógicamente, aquel constituyó parte de nuestro itinerario. Dedicado a la guerra de Vietnam, posee diferentes secciones: una al aire libre donde se exhiben vehículos de guerra y ejemplos de prisiones utilizadas por las tropas norteamericanas y otras ubicadas dentro del edificio principal que incluyen armas de guerra, material periodístico internacional donde hallamos algunos artículos de diarios argentinos, historias de la guerra relatadas por fotografías y más fotografías aún más impresionantes relacionadas a los efectos del “agente naranja” lanzado por Estados Unidos.
Junto al Museo de la Guerra, los túneles de Cu Chi, ubicados en los alrededores de Ho Chi Minh, resultan una de las visitas obligadas relacionadas con la guerra de Vietnam. De esta forma, optamos por una excursión de día completo que, primeramente, nos condujo al mayor templo caoísta de Vietnam, una de las más nuevas religiones del mundo que posee millones de adeptos en este país para, seguidamente, trasladarnos a Cu Chi, un complejo donde no sólo nos interiorizamos sobre la operación de la guerrilla vietnamita, la cual incluyó trampas de bambú, bombas recicladas y, desde ya, una kilométrica red de túneles subterráneos ubicados a diferentes niveles de profundidad. Un sector de aquellos túneles ha sido ampliado al doble (resultaban muy angostos a fin que sólo una “talla vietnamita” pudiese ingresar a los mismos) y abiertos al público, ofreciendo una experiencia comparativamente VIP adonde sólo restaba instalar equipos de aire acondicionado –como ironizara nuestro guía– aunque, de cualquier forma, permitiéndonos imaginarnos “invisibles” durante algunos minutos como aquellos soldados que, a partir de limitadísimos recursos, lograron resistir a los ataques de uno de los mayores y más sofisticados ejércitos del mundo a lo largo de una de las guerras más largas de la historia.
Ho Chi Minh nos mantuvo activos igualmente durante día y noche, en efecto, decidimos asistir a una función vespertina de marionetas de agua, un espectáculo originario del norte del país que, más allá de despertarnos algunas risas, nos permitió acercar más a la cultura vietnamita. Asimismo, aprovechando nuestro reencuentro con Paloma y Juan, una pareja de españoles que habíamos conocido cuatro meses atrás y con quienes mantuvimos una asidua comunicación vía e-mail, compartimos una simple cena, eso sí, acompañada por algunas cuantas Saigón.
Si comparásemos aquellas nubes siempre presentes durante nuestra estadía en Sihanouk Ville, podríamos sentirnos afortunados por el clima que nos acompañó durante nuestro paso por Ho Chi Minh, no obstante, las lluvias no dejaron de hacerse aunque esporádicamente presentes, por tanto, intentando dejarlas definitivamente atrás y, de alguna forma, darnos una revancha a nuestros frustrados días de playa, definimos nuestro siguiente destino, la localidad de Mui Ne, y hacia allí nos dirigimos.

Carla & Hernán