Dado que no nos permitieron abandonar más
tarde nuestra habitación, optamos al restaurante de Rose como punto de recogida
de nuestro ómnibus a Phom Penh. Una vez más, habíamos contratado un servicio
cama aunque, para nuestra sorpresa, más que camas resultaron sarcófagos, en
efecto, se trataron de diminutas cuchetas sin ventanas a sus costados, cuyas
estructuras metálicas crujían ante cualquier mínimo movimiento del vehículo,
generando una sensación de inseguridad que nos obligaba a verificar si
resultarían suficientemente firmes.
Arribados a Phom Penh, ascendimos al
siguiente ómnibus, aquel que nos trasladaría finalmente a la ciudad de Ho Chi
Minh, el cual se habría tratado de un vehículo “normal” si no hubiese sido por
la diferencia de espacio entre sus asientos y sus ventanillas que, hallándose
algunas completamente astilladas, habían sido revestidas con papel adherente.
Aquel viaje nocturno sucedió sin
inconvenientes y, a la mañana siguiente, arribamos al puesto fronterizo a
través del cual, sin sorpresas ni retrasos, salvo aquel incurrido cuando
examinaron doblemente a Hernán al pasar por los controles aduaneros, ingresamos
formalmente a Vietnam.
Aún restaban algunas horas de viaje y, al
llegar a la ciudad de Ho Chi Minh, nuestro ómnibus no se dirigió a ninguna
terminal sino que nos depositó en pleno centro de la ciudad, desde donde Carla
inició una búsqueda de alojamiento que, si bien algo dificultosa debido a los
precios que nos ofrecían, finalizó ni bien halló uno acorde a nuestro presupuesto.
Ho Chi Minh nos pareció agradablemente
caótica: más allá de aquellos elementos comúnmente presentes en otras ciudades
de Sudeste Asiático, tales como vecinos despreocupados sentados en las veredas,
basura acumulada en las esquinas y puestos de vendedores por doquier, jamás
vimos tantas pero tantas motocicletas juntas que, incluso, llegaban a formar
atascamientos por kilómetros a las horas de mayor tráfico.
De cualquier forma, no todo nos resultó
desorden ya que Ho Chi Minh ofrece también áreas más sofisticadas, dominadas
por rascacielos súper modernos, donde se pueden encontrar ejecutivos paseando
en autos importados y negocios de marcas occidentales de primerísima línea.
Uno de los íconos más importantes de la
ciudad resulta el Museo de la Guerra por lo que, lógicamente, aquel constituyó
parte de nuestro itinerario. Dedicado a la guerra de Vietnam, posee diferentes
secciones: una al aire libre donde se exhiben vehículos de guerra y ejemplos de
prisiones utilizadas por las tropas norteamericanas y otras ubicadas dentro del
edificio principal que incluyen armas de guerra, material periodístico
internacional donde hallamos algunos artículos de diarios argentinos, historias
de la guerra relatadas por fotografías y más fotografías aún más impresionantes
relacionadas a los efectos del “agente naranja” lanzado por Estados Unidos.
Junto al Museo de la Guerra, los túneles
de Cu Chi, ubicados en los alrededores de Ho Chi Minh, resultan una de las
visitas obligadas relacionadas con la guerra de Vietnam. De esta forma, optamos
por una excursión de día completo que, primeramente, nos condujo al mayor
templo caoísta de Vietnam, una de las más nuevas religiones del mundo que posee
millones de adeptos en este país para, seguidamente, trasladarnos a Cu Chi, un
complejo donde no sólo nos interiorizamos sobre la operación de la guerrilla
vietnamita, la cual incluyó trampas de bambú, bombas recicladas y, desde ya,
una kilométrica red de túneles subterráneos ubicados a diferentes niveles de
profundidad. Un sector de aquellos túneles ha sido ampliado al doble
(resultaban muy angostos a fin que sólo una “talla vietnamita” pudiese ingresar
a los mismos) y abiertos al público, ofreciendo una experiencia
comparativamente VIP adonde sólo restaba instalar equipos de aire acondicionado
–como ironizara nuestro guía– aunque, de cualquier forma, permitiéndonos
imaginarnos “invisibles” durante algunos minutos como aquellos soldados que, a
partir de limitadísimos recursos, lograron resistir a los ataques de uno de los
mayores y más sofisticados ejércitos del mundo a lo largo de una de las guerras
más largas de la historia.
Ho Chi Minh nos mantuvo activos igualmente
durante día y noche, en efecto, decidimos asistir a una función vespertina de
marionetas de agua, un espectáculo originario del norte del país que, más allá
de despertarnos algunas risas, nos permitió acercar más a la cultura
vietnamita. Asimismo, aprovechando nuestro reencuentro con Paloma y Juan, una
pareja de españoles que habíamos conocido cuatro meses atrás y con quienes
mantuvimos una asidua comunicación vía e-mail, compartimos una simple cena, eso
sí, acompañada por algunas cuantas Saigón.
Si comparásemos aquellas nubes siempre
presentes durante nuestra estadía en Sihanouk Ville, podríamos sentirnos
afortunados por el clima que nos acompañó durante nuestro paso por Ho Chi Minh,
no obstante, las lluvias no dejaron de hacerse aunque esporádicamente
presentes, por tanto, intentando dejarlas definitivamente atrás y, de alguna
forma, darnos una revancha a nuestros frustrados días de playa, definimos
nuestro siguiente destino, la localidad de Mui Ne, y hacia allí nos dirigimos.
Carla & Hernán
