30 de agosto de 2011

... China! (primera parte)



A partir de este capítulo, comienza una de las etapas del viaje más esperadas por nosotros: nuestro primer destino de vacaciones había sido China, un país que, más allá de habernos fascinado, nos había permitido descubrir que compartíamos una misma sintonía y, de alguna forma, nos habría dejado entrever que algo como lo que hoy estamos haciendo podía ser posible.
Ingresar a China nos resultó muy relajado: un par de moto-taxis nos condujeron desde nuestro alojamiento en Lao Cai al puesto fronterizo de Vietnam desde donde accedimos al puente que une ambos países y, tras cruzarlo a pie junto a montones de vietnamitas que arrastraban carretillas vacías en dirección a China y repletas de artículos en dirección a Vietnam, ingresamos al edificio de migraciones y, sin demoras gracias a que, esta vez, Hernán pasó inadvertido ante los controles aduaneros, nos hallamos finalmente en Hekou… ya estábamos en China!
Qué felices que nos sentíamos! Una energía positiva nos irradiaba y, sin lugar a dudas, nos comenzó a acompañar. Ya nadie hablaba inglés por lo que, a partir de ahora, tuvimos que valernos de nuestro diccionario, dibujos y mímicas para hacernos entender. Así averiguamos dónde se encontraba la terminal de autobuses y que el siguiente servicio a la ciudad de Xinjie partiría dentro de algunos minutos, lo cual nos generó un inconveniente: no teníamos yuanes y no había ATM’s (cajeros automáticos) disponibles a dicho momento, no obstante, el ayudante del conductor, quien se encarga de recolectar dinero y pasajeros, insistió que subiéramos al vehículo y, minutos después, apareció junto a otro chino que se ofreció a tomar nuestros últimos dongs (moneda vietnamita) a –un muy buen– cambio de yuanes.
Y aquel ómnibus que nos permitiría arribar a nuestro primer destino de China comenzó a andar: abandonamos las calles de Hekou, pasamos por trayectos de tierra rodeados por plantaciones, ingresamos a una impecable autopista, nos adentramos en pequeñas poblaciones donde ascendían y descendían pasajeros y, después de seis horas, arribamos a Xinjie donde nos sentimos gratamente sorprendidos, en efecto, un montón de taxistas se agolparon alrededor de nuestro vehículo y, una vez que nuestros compañeros de trayecto descendieron atolondradamente del mismo, aquellos conductores se dispersaron sin siquiera uno intentar ofrecernos sus servicios; así dimos cuenta que el anonimato había llegado al viaje y que, a partir de entonces, seríamos nosotros quienes iríamos a la búsqueda de aquello que necesitáramos.
Xinjie nos serviría de acceso a las terrazas de Yuanyang, no obstante, dedicamos algunos días a pasear por esta desnivelada ciudad que, más allá de verse sometida a plena remodelación, nos resultó sumamente atractiva; a lo largo de sus angostas vías transitan camiones, tractores, automóviles, motocicletas de tres y dos ruedas e, incluso, peatones debido a la ausencia de veredas; asimismo posee una peatonal que rebosa de actividad: puestos ambulantes, negocios, oficinas y un mercado de alimentos son visitados a diario por muy –pero muy– pocos turistas y montones de vecinos quienes forman parte, mayoritariamente, de grupos étnicos tradicionales.
Y cuando creíamos que muy difícilmente un paisaje de arrozales podría sorprendernos después de aquellos vistos por nuestro paso por Sudeste Asiático, llegamos a Yuanyang y nos encontramos con diseñadas terrazas de arrozales que ocupan un área de gigantescas dimensiones; nuestro taxista nos condujo a tres diferentes aunque igualmente impecables miradores que nos permitieron vistas panorámicas más hermosas progresivamente aunque, tememos, ni nuestras descripciones ni nuestras fotografías serán capaces de transmitir aquellas imágenes acaparadas por nuestras retinas aquel día.
Xinjie y sus terrazas de Yuanyang nos resultaron mágicas y, sin lugar a dudas, argumentaron nuestro ingreso a China a través de Yunnan, provincia que alberga también a nuestro siguiente destino, Dali, una de las ciudades que Feng, aquel chino que habíamos conocido rumbo a Siem Reap en Cambodia, nos había recomendado así que, siguiendo sus consejos, para aquellos pagos rumbeamos.

Carla & Hernán