21 de agosto de 2011

... Vietnam! (séptima parte)


Íbamos rumbo a la estación de autobuses de Ninh Binh cuando una minivan que iniciaba su recorrido nos “pescó” y, al cabo de unas tres horas, nos dejó en una de las terminales de Hanoi. Ignorando a la gran gama de conductores que nos ofrecían insistentemente sus servicios (tuk-tuk, taxi, moto-taxi), averiguamos que línea de colectivo nos acercaría al casco antiguo de la ciudad, dedujimos que tarifa deberíamos abonar a partir de algunos tickets que se hallaban en el suelo, aguardamos y ascendimos al colectivo que nos resultó muy familiar, y señalamos al ayudante del conductor nuestro destino quien nos indicó, muy amablemente aunque un par de paradas posteriores, cuando debimos descender.
Y después siguió lo de siempre: a buscar adonde dormir! Hanoi, al igual que todas las grandes ciudades, nos ofrecía alojamientos un poco más costosos, de cualquier forma, no nos resultó imposible conseguir un cuarto con aire acondicionado acorde a nuestro presupuesto gracias a la “desventaja” de ubicarse su baño privado afuera del mismo.
Hanoi, al igual que cualquier otra capital de país, posee un sinfín de atributos aunque, primeramente, nuestro interés se restringió a uno y, al día siguiente a nuestro arribo, nos dirigimos a la Embajada de China, adonde llegamos antes que sus puertas abrieran al público; no había extranjeros, no obstante, ni bien ingresados nos suministraron una papel impreso con irrisorios requisitos y, sin prestarles demasiada atención, recogimos unos formularios que Carla completó mientras Hernán retornó al hotel de convenciones para seguir abusando de la generosidad de su recepcionista que, sin importarle nuestros desacordes aspectos, nos permitía hacer uso de la fotocopiadora. Listo! Ya teníamos todo o casi todo –porque no cumplíamos ni uno de los requisitos “extras” que nos solicitaban que iban desde cartas de invitación a traducciones al chino de la documentación– y nos dirigimos a una de las ventanillas adonde una empleada nos miró y preguntó si residíamos en Vietnam o si aspirábamos residir en China y, ante nuestra respuesta negativa, nos derivó a la ventanilla contigua adonde una irritante empleada se limitó a informarnos que aquella embajada no gestionaba visas para turistas, sucediéndose un momento por demás tenso: nos negamos a retirarnos, argumentamos, nuestros documentos iban y venían de un lado y del otro de la ventanilla, insistimos y, finalmente, solicitamos una revisión para una posible excepción por lo que, apáticamente, aquella muchacha tomó nuestros pasaportes y solicitó que regresáramos al día siguiente.
No teníamos esperanzas por lo que, arrastrando nuestros espíritus, retornamos al hotel y dedicamos aquel día a analizar alternativas para, primero, salir de Vietnam ya que nuestra visa expiraría dentro de algunos días y, segundo, arribar a Hong Kong o algún país donde supiéramos que, si o si, podríamos gestionar nuestra visa para China.
Ya teníamos un plan B, no obstante, volvimos a la embajada a la mañana siguiente, adonde nos vimos doblemente sorprendidos: aquella insoportable empleada se había vuelto simpática y, despegando un post-it que “alguien” había colocado sobre nuestros pasaportes señalando aquella excepción, nos informaba que nos habían otorgado un visado de una entrada por treinta días que, si bien no se ajustaba a nuestra idea de itinerario (necesitábamos uno de dos entradas por sesenta días), nos permitiría ingresar a China vía terrestre y visitar una o dos provincias antes de dirigirnos a Hong Kong.
Ahora sí, nuestras mentes se hallaban despejadas, por ende, organizamos nuestros siguientes objetivos; visitamos una peluquería y paseamos por Hanoi: caminamos por su casco antiguo, dimos vuelta al lago Hoan Kien e ingresamos al mausoleo de Ho Chi Minh adonde vimos su cuerpo embalsamado.
Y, finalmente, resolvimos nuestra partida rumbo a Halong Bay: nuestros días por Sudeste Asiático se hallaban contados, es decir, una muy importante etapa del viaje estaba llegando a su fin, por tanto, quisimos regalarnos un par de días embarcados y así, como turistas de viajes organizados, nos vamos a explorar esta famosa bahía.

Carla & Hernán